Opinión

Jesús Yánez Reinoso: El Jinete de los grandes campeones

Silvio Devoto Passano

sidepaderby@hotmail.com

A la hora de hacer las cuentas, en el campo de los jinetes ecuatorianos el nombre de Jesús Yánez estará, sin lugar a duda alguna, en la primera página compartiendo honores con Walter Carrión, Abel Vaca, Eliseo Dillon, Francisco Alencastro, Segundo y Eduardo Luque, Leonardo Mantilla, César Escobar, Sergio Arellano y su hijo Enrique Yánez los principales capítulos de una selecta historia de triunfos en hipódromos nacionales y extranjeros.

No es casualidad o mera coincidencia que a la hora de la firma de montas para los grandes clásicos, propietarios y preparadores, sin excepción alguna, solicitaran los servicios del látigo pichinchano para que conduzca sus caballos buscando el mejor rendimiento de éstos.

Nacido en Machachi, cantón Mejía, el 9 de diciembre de 1932, sus padres Elías y Emilia no pusieron el menor obstáculo cuando ya “viejo”, frisando los veinte años de edad, decidiera entrar al mundo de la hípica e iniciar dos años más tarde su carrera como jinete aprendiz.

Edad avanzada para iniciarse en tan difícil profesión, para aún si el peso no acompañaba, Jesús hacía con dificultad 54 kilos y prácticamente no podía descargar de acuerdo a su categoría de aprendiz, igual, cual si hubiese estado desde muy niño arriba de un caballo, mostró rápidamente su dominio del noble bruto que lo llevó a doctorarse prontamente, en menos de un año, rivalizando con verdaderas estrellas de la fusta a nivel internacional.

Tapia, Canales, Carrasco, Arellano, Bravo, Gaete, Torres, Cáceres, Correa y Jaime entre los extranjeros, y Vaca, Segundo Luque, Mantilla, Serrano, Hidalgo, Dillon y Ruiz entre los nacionales, eran rivales durísimos a quienes no se podía la menor ventaja so pena de perder en un salto la carrera.

En una tarde de domingo en el hipódromo “La Carolina” de la ciudad capital se alzó con el triunfo en seis de las siete pruebas disputadas, perdiendo por medio cuerpo la restante ante un conducido por Lucho Cáceres.

Meses después de la inauguración del “Santa Cecilia”, año 1956, Jesús Yánez hizo maletas y voló a Guayaquil contratado por el Ingeniero Miguel Salem Dibo finalizando entre los primeros siete de la estadística, ganada por el chileno Oscar Bravo al que lo escoltaron su paisano Mario Catalán y la revelación de la fusta nacional Eduardo Luque.

Muy pronto apareció en el herraje de ganadores con caballos del stud “Taura” que eran entrenados por don Jorge Calderón, registrando la estadística de numerosas victorias con el argentino Benz, las chilenas Abeja, Taca, y Zana, el nacional Salteo y muchos otros buenos corredores que respondían maravillosamente al rigor de su monta.

Esta cadena de triunfos le mereció un muy buen contrato para conducir los caballos de los hermanos Fernando, Raúl y René Lebed Sigall, de las cuadras “Copihue”, “La Plata” y “Miraflores” que defendían pensionistas de extraordinario linaje como Attache, Osprey, Pioners, y el mejor de todos los tiempos, Peter Flower.

Todos los grandes clásicos del calendario turfistico ecuatoriano tienen grabado el nombre de Jesús Yánez en las veinte y dos temporadas que duró su campaña como jinete.

Los de Jesús Yánez y Peter Flower es sin lugar a dudas la dupla más exitosa y perfecta en la historia de nuestro turf. Sólo con Yánez se entregó de lleno a correr el hijo de Licencioso y Púrpura que ganó desde 1.200 hasta 2.000 metros, el bien apodado “pulmón” por el rigor que tenía, le tomó el tiempo y logró congeniar casi de entrada con el castaño, lo llevaba a trabajar y cuando el caballo se detenía frente al Club House, negándose a galopar, lo regresaba a la pesebrera, no lo obligaba a emplearse, sencillamente lo dejaba hacer su gusto, igual cuando el campeón estaba ganoso y quería galopar lo llevaba largo, dos, tres y hasta cuatro vueltas, estirándolo y buscando hacerlo rematar. Resultado ¿Un training insuperable de un caballo de genio muy difícil que encontró en Jesús Yánez el complemento ideal para lucir su extraordinaria clase.

Igual con el argentino Osprey, un hijo de Orsino y Buterfly que maravilló a los aficionados con sus brillantes performances, lo mismo con el alazán Attache, otro de temperamento difícil que se entregó mansamente al manejo del enérgico jinete nacional.

Drifter y Aladino, los dos del stud “El ocho” cuyos propietarios eran de los hermanos Julio y Miguel Salem Dibo , el Dr. Raúl Gómez Lince y don Alberto Samán, gozaron de una excelente monta de Yánez que los llevo al triunfo en más de una oportunidad en clásicos de importancia.
De la misma manera, tres de las mejores féminas que corrieron en hipódromos ecuatorianos en toda su historia, ganaron numerosas pruebas clásicas con Jesús Yánez en sillín, Sabrina, Medusa y Sal Si Fi, tres leyendas de nuestro turf encandilaron a la afición guayasense sumando una veintena de éxitos en importantes pruebas sobre distancia de aliento.

En 1961 decidió aceptar un apetitoso contrato para conducir en el hipódromo “San Fernando” de Cali y la historia clásica del desaparecido centro de carreras lo registra como vencedor de los dos más importantes clásicos de la temporada sobre los lomos de Ferrer.

Copihue, La Plata, Miraflores, El Retiro, Independencia, Taura, Manglaralto, El Ocho, Chipipe, Belmont, las cuadras más importantes de la época, se beneficiaron de la excelente monta del látigo oriundo de Machachi, despertando sus éxitos el interés de otras caballerizas para que condujera a sus pensionistas, entre ellas la cuadra de don Benjamín Rosales, Loli, que se dice el gusto de verlo ganar con su primer gran campeón, Champion, y luego con Fanfarron ex Gacetero, que llegaron al “fuera de tabla” por sus importantes y numerosas victorias.

No paró ahí el listado de los grandes campeones que se beneficiaron de la monta de Yánez, papel y lápiz para anotar, el chileno Rio Manso ex Engreído, Yanacona, en su momento una de las mejores yeguas, Montecattini, un puntero imposible de superar cuando Yánez lo exigía al máximo, Profesor, un campeón en toda la extensión de la palabra, el tordillo Juan Gris, y El Barón, del “Dorita Bonita”, un colombiano que se adentró en el corazón de los aficionados merced a sus sobresalientes victorias.

Caballos de hándicap que escalaron en la segunda tabla ganando seguido como el “caballo del pueblo” Cocoseco, el utilísimo Montenegro, el veterano Fontanello y tantos otros que engalanaron las tardes del “Santa Cecilia” y del “Costa Azul” con victorias imposibles de olvidar.

Jinete criterioso, trabajador, poco amigo de hacer uso de la fusta, pegaba poco pero muy fuerte, tenía un rigor poco común que decidió más de una carrera en medio del griterío ensordecedor de la multitud.

También le toco correr junto a su hijo Enrique durante varias temporadas y la afición pudo disfrutar en más una oportunidad de finales bien disputados, cabeza a cabeza entre padre e hijo, como luego de muchos años, aun cuando solo en un par de ocasiones se dio con Alberto y Joffre Mora.
Resumiendo, fueron cuatro de los hipódromos que se beneficiaron de la extraordinaria capacidad de Jesús Yánez, “La Carolina” de Quito, el “Santa Cecilia” de Guayaquil, el “Costa Azul” de Salinas y el “San Fernando” de Cali, los aficionados de la época disfrutaron de sus exhibiciones, aplaudieron sus victorias entre 1954 y 1978, año en que decidió abandonar la carrera cuando aún tenía mucho que dar a favor del turf ecuatoriano.

Hoy, el querido Jesús siente el peso de los años, su salud no está bien, ha sufrido dos derrames cerebrales que le restan movilidad y permanece en casa solícitamente atendido por su esposa Mariana Villamar, su compañera de las últimas cuatro décadas.

En estas líneas he querido recordar a los “viejos” la figura de un grande de la fusta que les hizo vivir jornadas inolvidables y hacer conocer a los “jóvenes” la historia de un jinete exitoso que es leyenda viviente en la historia de la hípica ecuatoriana.

Cuando bien harían el espectáculo hípico la presencia de unos cuatros látigos de la talla de Jesús Yánez Reinoso, el inolvidable “pulmón”.

Jesús y Enrique, padre e hijo actores de emotivos finales
Haciendo ejercitar esta memoria que hace rato tiene “al alemán” como pensionista, indeseable por cierto, traemos al recuerdo cuatrocientos metros “cabeza a cabeza” entre Borrón y Gran Casino en el clásico “Gran Duval”, Montecattini y Perugino, Congreso y Lanin, Solaz y Primer Carlos, Primer Carlos y Esplin y un empate entre Ruletero y Disidente.

Jesús ganó con Borrón, Montecattini y Primer Carlos, su hijo Enrique lo hizo con Solaz, Congreso y Gran Casino. No conocemos de hipódromo que registren en su historia tan reñidos duelos entre padre e hijo sobre un puro de carreras.

Con Montecattini gano el clásico “Sesquicentenario de Guayaquil”

Se dio el año 1970, la carrera clásica se disputó sobre dos mil metros y el comensal del “Gloria Graciela”, propiedad de don Rafael Dillon Balda, ganó de punta a punta en impresionante accionar con Jesús Yánez en su silla entrando segundo Perugino con su hijo Enrique y tercero el favorito Sirampur con César Escobar.

Montecattini era entrenador por José Valdez Baquero que al recibirlo en la pista no pudo controlar su emoción y gritó a voz en cuello tendrán que esperar ciento cincuenta años para desquitarse.

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