Internacional

Japón se blinda contra la creciente amenaza de Corea del Norte y China

Refuerza sus defensas para protegerse de los misiles lanzados por el régimen de Pyongyang

ESPAÑA. Con una treintena de misiles disparados desde el año pasado, Corea del Norte se ha vuelto algo más que un incordio de vecino para Japón, en cuyas aguas cayeron buena parte de dichos proyectiles. Para blindarse contra las constantes provocaciones del joven dictador Kim Jong-un, que ha endurecido su retórica belicista, el Gobierno nipón está reforzando sus sistemas defensivos por tierra, mar y aire.

A la amenaza de Pyongyang se suman las tensiones territoriales con China, que reclama las islas Senkaku (Diaoyu en mandarín), y con Corea del Sur, con quien Tokio mantiene un contencioso por los islotes de Dokdo (Takeshima en japonés). Todo ello sin contar la disputa con Rusia por los Territorios del Norte, las cuatro islas en el extremo septentrional de Hokkaido tomadas por las tropas soviéticas cuando reconquistaron el archipiélago de las Kuriles al final de la II Guerra Mundial.

Con todos estos frentes abiertos, y en medio del auge de China como superpotencia, el Gobierno nipón lleva aumentando sus gastos militares desde 2012, cuando el primer ministro Shinzo Abe recobró el poder. Para este año fiscal, el presupuesto del Ministerio de Defensa asciende a 4,9 billones de yenes (37.450 millones de euros) sin contar las partidas destinadas a la base estadounidense en la isla de Okinawa. Incluyéndolas, el gasto total alcanza los 5,1 billones de yenes (39.000 millones de euros).

Entre los refuerzos de este año, que se entregarán en 2020, destacan la adquisición de seis cazas F-35A, cuatro aparatos V-22 Osprey de despegue vertical y tres aviones de transporte C-2, así como uno de repostaje en el aire (KC-46 A) y seis helicópteros Chinook CH-47 JA para el traslado de tropas y carga. Además de comprar tres aviones no tripulados RQ-4B Global Hawk y ordenar la construcción de un submarino, el ministerio de Defensa tiene previsto dotarse de un dragaminas de la clase Awaji y del tercer barco de vigilancia marina tipo Hibiki. Para protegerse de un ataque en sus islas más lejanas, Tokio comprará once vehículos anfibios AAV7 y nuevos misiles tierra-aire, al tiempo que desplegará un destacamento con entre 500 y 800 soldados en las islas de Amami y Miyako, próximas a las disputadas Senkaku. «Habrá cambios en la organización para mejorar la respuesta rápida y se establecerá la fuerza defensiva aérea del suroeste debido a los problemas en esa zona», explica a ABC Yuya Goto, subdirector de la División de Contabilidad del Ministerio de Defensa, refiriéndose a las disputas territoriales con Pekín.

Junto a China, el otro frente es Corea del Norte. Para protegerse de sus misiles, Tokio doblará en 2020 sus cuatro destructores con sistemas de combate «Aegis», que protegen todo el espacio aéreo nipón y son capaces de interceptar los cohetes en mitad del vuelo. Para destruirlos en su fase final, Japón tiene por todo su territorio una veintena de baterías antimisiles Patriot (PAC 3), que aumentará hasta las 28 dentro de tres años. «Serán suficientes para proteger importantes zonas, pero es difícil blindar todo el país», reconoce Yosuke Nagata, subdirector de la Oficina de Política Defensiva. A su juicio, «no hace falta un escudo antimisiles Thaad como el desplegado en Corea del Sur, pero sí nuevas baterías SM-3 Block II A especiales contra cohetes con trayectoria muy vertical», como los dos últimos intercontinentales disparados por Pyongyang.

Presión

Con capacidad para llegar a EE.UU., dichos proyectiles han demostrado los progresos del programa militar norcoreano, que avanza más rápido de lo que se pensaba pese a las sanciones internacionales. «El lanzamiento del misil intercontinental norcoreano fue alarmante», confiesa un responsable del Ministerio de Exteriores. Aunque asegura que Abe coincide con el nuevo presidente surcoreano, Moon Jae-in, en la necesidad de hablar con Kim Jong-un, deja claro que «no es el momento del diálogo, sino de ejercer más presión sobre Corea del Norte».

Pero, dos décadas después de empezar su carrera nuclear, Pyongyang sigue enrocado en su desafío a Occidente. «Con Corea del Norte no hay una solución a la vista, solo opciones», admite Tomohiko Taniguchi, consejero especial del Gobierno Abe. A su juicio, «hay que presionar con sanciones no solo a Corea del Norte, sino también a las empresas y particulares chinos que hacen negocios con el régimen para forzar una reacción en Pekín».

A pesar de estas advertencias, las sanciones no están funcionando porque Kim Jong-un ha acelerado su programa militar y la economía ha mejorado sensiblemente en Corea del Norte, donde todo tipo de artículos siguen entrando desde China.

«El régimen de Pyongyang es muy habilidoso sorteando las sanciones y sabe manejarse en el mercado ilegal», analiza Katsuhisha Furukawa, quien formó parte de un comité de la ONU para imponer sanciones a Corea del Norte. Para este experto, que sabe que las sanciones son muy difíciles de implementar, «hay que compaginar la presión con la diplomacia», ya que cree que «Pyongyang está listo para el diálogo». Pero critica a EE.UU. «porque no se ha preocupado por este problema en todo el tiempo» e insiste en que «la Administración Trump no tiene forma de hacer presión sobre Kim Jong-un», ya que «en realidad, Corea del Norte es un Estado nuclear desde hace varios años».

Frente a la «paciencia estratégica» que pregonaba Obama, Trump empezó su mandato amenazando a Pyongyang con un ataque preventivo, lo que hizo saltar todas las alarmas en Asia. Pero Tetsuo Kotani, investigador del Instituto de Japón de Asuntos Internacionales, aclara que «la opción militar no está sobre la mesa, ni siquiera para Trump».

Esgrimiendo estas amenazas, el primer ministro Abe busca una reforma de la Constitución pacifista de Japón que permita a sus Fuerzas de Autodefensa intervenir en el extranjero en ayuda de un aliado incluso aunque el territorio nipón no sea atacado. Mientras buena parte de la sociedad critica que este cambio del Artículo 9 es un paso más hacia el militarismo, Kotani descarta que las tropas niponas vayan a empezar una guerra y reivindica que «Japón debe ser un país normal». (ABC/LA NACIÓN)