Opinión

Jaime Arellano

Silvio Devoto Passano

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Los jóvenes de hoy conocen muy poco la historia de nuestra hípica y por ende para muchos de ellos debe ser desconocido el nombre de un látigo ecuatoriano, guayaquileño para ser precisos, que estuvo en la élite de las fustas de América con una campaña que lo llevo a ganar cerca de dos mil carreras en los principales hipódromos neoyorkino, Berlmont y Aqueduct.

Su nombre es JAIME ARELLANO, hermano menor de Sergio que siguiera la profesión de su padre, chileno del mismo nombre, que fuera figura en el viejo Jockey Club.

Eran los tiempos del portorriqueño Ángel Cordero Jr. Para quién esto escribe el mejor jinete que vio correr, los panameños Laffitt Pincay, Manuel Ycaza, Jorge Velásquez y Jacinto Vásquez, Jean Crugett, Steven Coutten y el as norteamericano Bill Shoemaker, sucesor del inolvidable Eddie Arcaro.

Con todos ellos rivalizó desde su arribo a USA y se mantuvo entre los diez mejores ganadores de carreras durante catorce temporadas.

Fue figura en Belmont Park y en Aqueduct.
Retorno a Ecuador en 1987, condujo dos o tres caballos ganando con ENOJADA, que era preparada por Mario Catalán.

Tras unas cortas vacaciones retornó a Estados Unidos donde falleció de manera trágica.

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