Tecnociencia

J.K. Rowling no puede huir de sí misma

Su última novela lleva seudónimo de hombre junto a una pegatina de su nombre

ESPAÑA. Glorioso 18 de julio de 2014 en el Festival de Novela Negra de Harrogate, condado de Yorkshire, norte de Inglaterra. La escritora J.K. Rowling se aviene a contestar preguntas previamente filtradas por su interlocutor. Que nadie se atreva a sacar a cuento a sus hijos o a su ex marido portugués. Aquí se habla de literatura, de ese punto mágico entre lo que se escribe y cómo se escribe, y todo lo que envuelve al fenómeno literario, incluido el marketing. Una pregunta que ha pasado el filtro es ¿por qué escribe novelas con pseudónimo y por qué no quería que se supiese que era ella la autora de El canto del cuco?

La respuesta estaba a punto: «Quería demostrarme a mí misma que podía publicar un libro por el mérito del libro, no por mi nombre». A ella no le faltan méritos: la primera persona que ha ganado más de 1.000 millones (en euros, dólares o libras) por escribir libros, la serie del mago Harry Potter. Ella quería ponerse a prueba en la jungla que enzarzan escritores, agentes literarios y editores. Con el seudónimo de Robert Galbraith a través de un agente, mandó el manuscrito de El canto del cuco y se lo rechazaron, al menos, dos editoriales. «Como inspiración para escritores nuevos, no como venganza», ha escrito en su cuenta en la red, J.K. Rowling publicó hace unas semanas las dos cartas de rechazo de las editoriales.

Un periódico publicó la verdadera identidad de Robert Galbraith. El abogado Christopher Gossage fue multado con 1.000 libras (1.300 euros) por romper la cláusula de confidencialidad de un contrato. A El canto del cuco (2013) le han seguido El gusano de seda (2014) y Carrera de maldad (2015) firmadas por Robert Galbraith, publicadas por grandes sellos editoriales y protagonizados por el detective Cormoran Strike, mutilado de una pierna en Afganistán, y su ayudante, la atractiva Robin. Pero los méritos literarios de Robert Galbraith se cobijan bajo el nombre de J.K. Rowling que no deja de aparecer en una pegatina en la portada de los libros con el enunciado siguiente: «J.K. Rowling escribiendo como Robert Galbraith».

El primer volumen de Harry Potter, Harry Potter y la piedra filosofal, anduvo por 9 o 12 editoriales, tan importantes como Penguin y Harper Collins, recibiendo negativas durante varios años a mediados de la década de 1990. Las razones para el desaire eran básicamente dos: una que el manuscrito era demasiado largo y la otra que contaba historias irrelevantes a la vida de los niños de finales del siglo XX. Hasta que en la editorial Bloomsbury osaron a publicarla con una tirada de 1.000 ejemplares, la mitad garantizada para bibliotecas. La compra de los derechos para Estados Unidos de América resultó ser el cohete que mandó a Harry a dar la vuelta al mundo con su magia en libro, película, objetos de todo tipo y marca comercial registrada internacionalmente para parques o trajes de disfraz.

Entre la fama de Harry Potter y el detective Cormoran Strike y Robin, J.K. Rowling publicó una novela para adultos, Una vacante imprevista, que generó elogios y vituperios entre la crítica literaria. Con Cormoran y Robin, JK Rowling dice que va para largo porque entre ella y Robert Galbraith pueden presentarle casos a punta de pala para resolver. El más misterioso será quién es quién entre ella y él. ¿Serán necesarias en el futuro las pegatinas para el marketing o Robert Galbraith logrará eliminar de su vida a su creadora? (El Mundo/La Nación)