Opinión

Iván Albuja Montoya: Talento, estilo y rigor

Silvio Devoto Passano

sidepaderby@hotmail.com

Son distintas las montas de los jinetes en el mundo entero, presente por regla general la inteligencia o astucia, como deseen llamarla, el rigor o energía, en mayor o menor potencia, y el estilo, lastimosamente cada vez más ausente aun en los centros hípicos más afamados del mundo.

Lo que cuenta es ganar, comentario generalizado en los corrillos turfisticos, y son muchos los que baten palmas a retorno de un ejemplar ganador aplaudiendo y vivando el nombre de su jinete aun cuando sobre el sillín se hubiese movido cual una coctelera.

Lo que cuenta es el boleto acertado y punto.

Que lastima que se piense de esta manera, el jinete es parte fundamental del espectáculo, su porte en el sillín de un fino de carreras es y debe ser el complemento ideal para hacer verdaderamente bello un final, debidamente acompasados el tranco del caballo y el accionar del jinete este siempre bien apilado, manteniendo el orden y el equilibrio, cualidades indispensables para que su conducido lo deje todo en carrera.

No voy a mencionar nombres de grandes “desordenados” que se cansaron de ganar carreras y hasta estadísticas en hipódromos ecuatorianos y extranjeros que tuve ocasión de visitar, muchos de ustedes por no decir todos recordarán prontamente, al instante, el nombre de algunos de ellos que llegaron inclusive a alcanzar fama internacional, pero siempre, íntimamente, los recordaremos y de manera generosa como simples ganadores de carreras.

Los otros, no, los chilenos Sergio Vásquez, Guillermo Silva, Luis A. Díaz, Sergio Vera, Arturo Morales, los colombianos Helman Román, Oscar Manzuera, Luis Estrada y Anyelo Rivera, el imbatible póker panameño integrado por Braulio Baeza, Manuel Ycaza, Jorge Velásquez y Jacinto Vásquez, el puertorriqueño Ángel Cordero, para mí el mejor de todos, y los últimos “fenómenos” peruanos, Adolfo Sánchez, Edwin Talaverano, Rafael Bejarano, Edgar Prado, Allan García, Rafael Jacinto Herrera, Víctor Fernández y Carlos Trujillo, entre otros, que me hacen recordar al extraordinario Rodolfo Pastor que fue poco menos el gran adelantado de la que para mí es actualmente la mejor escuela de América, la peruana.

También nuestro país tuvo grandes cultores de la antes envidiada y respetada escuela chilena, desde Paco Alencastro hasta el fallecido Daniel Álvarez, último cultor de un estilo depurado, pasando por Esperidión Codel, los Luque Vaca, Mantilla, Escobar, los Arellanos e Iván Albuja, este último una verdadera Monta de Lujo.

Lo de Albuja se iniciaba con el conocer el caballo desde el momento de llevarlo a su primer galope, estudiando sus reacciones, su capacidad, su modalidad de correr y la conversación posterior con el preparador o el Mozo de Cuadra para ver la forma de entrenarlo mejor. El talento es básico, fundamental, para conducir un puro de carreras, primero hay que conocer el caballo, luego estudiar bien la carrera y tener la “chispa” en el momento clave para entrar a definir, leyendo prontamente a sus rivales. El rigor es el factor determinante para obtener la mejor repuesta del caballo y por lo general el poco manejo de la fusta es mucho más efectivo para hacer correr.

Ningún caballo responde al rigor excesivo de la fusta me decía alguna Leguisamo (que algo sabia de carreras) al caballo se lo llama con la fusta para que apure el paso, para despertarlo y punto.

Finalmente, dejamos para el final el estilo, el gran complemento del espectáculo, Albuja, sin ser exagerado ni “burlón”, lucía arriba de un caballo un comportamiento perfecto, siempre bien acomodado, sin darse “cul…”, manteniendo firmes y bien estiradas las riendas, y extremando recursos, en alguna ocasión más allá de lo permitido, para sacar el mejor provecho en un final.

Iván Albuja apareció en una época muy dura para un principiante, eran los días triunfales de Eduardo y Félix Luque, Abel Vaca, Leonardo Mantilla, Jesús Yánez, César Escobar, nacionales, los chilenos Saavedra, Meneses, Vilches, Correa, Sandoval, Carlos González, los peruanos Torero, La Madrid, López, Aldoradín, Torero, Meléndez y los colombianos Calle, Muriel, Velasco, Libardo Estrada, etc.

Era difícil lograr montas peor aún ganar carreras, pero junto a Jaime y Sergio Arellano, aprendiz como él, se fue abriendo paso, escaló posiciones, alcanzó grandes victorias clásicas y salió en más de una ocasión al exterior, compitiendo en Colombia y Panamá, para luego viajar al gran país del norte.

Desde sus inicios con Zamba Canuta y Cerise allá por 1964, mostró la bondad de su monta y la exquisitez de su estilo, y con grandes victorias clásicas sobre L’ Etentard, fue mostrando fecha a fecha, durante más de un cuarto de siglo una capacidad ganadora que lo hizo merecedor de los mejores elogios de la prensa especializada de nuestro país, de Cali y Panamá.

Vienen a mi memoria jornadas de esplendor cuando lo vi ganar con Huancavilca, con Chug Chu Huaso, con Propaganda y con el sobresaliente Pechiche cuyos resabios dominaba con enorme facilidad.

Hoy Albuja estaría entre los jinetes más solicitados al momento de la firma de montas y sobre la pista del “Miguel Salem Dibo” destacaría de manera nítida con grandes exhibiciones mostrando la bondad de una monta que hace mucho tiempo no se ve en hipódromos ecuatorianos y aparece de manera espaciada en los mejores centros hípicos de América.

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