Opinión

Islandia podría ser víctima de una nueva burbuja: el turismo ‘invade’ el país

El turismo ha destronado a la pesca y la fundición de aluminio para transformarse en la industria más grande de Islandia.

ESPAÑA. Atender la marea de visitantes ansiosos por fotografiar glaciares, volcanes y la vida nocturna de Reikiavik se ha convertido en una reto para Islandia. El turismo ha destronado a la pesca y la fundición de aluminio para transformarse en la industria más grande de Islandia. Sin embargo, este podría ser el comienzo de una nueva burbuja.

“El turismo es uno de los sectores más prometedores de Islandia”, señala Tryggvi Thór Herbertsson, asesor del primer ministro durante la crisis financiera y actualmente dueño de un restaurante en el centro de Reikiavik. Ahora mismo “no estoy particularmente preocupado por un colapso del sector”, pero Herbertsson no descarta que pueda ocurrir, que el sector estalle como le ocurrió a las finanzas en la última crisis.

“Si sucede, sucede. Pero si se analizan las oportunidades de este sector para los próximos dos o tres años, es una buena apuesta”, asegura el exbanquero y legislador en una entrevista concedida a Bloomberg.

Perspectiva prometedora

Por ahora, la perspectiva es prometedora. Se espera que este año el número de visitantes crezca casi un 40% respecto al récord de 1,3 millones de llegadas que se logró el año pasado. El pronóstico para 2017 es de otro incremento de cerca del 35%, explican desde Íslandsbanki, el segundo banco más grande de la isla. Así, el número de turistas septuplicaría el de la población local.

Las entidades financieras formaron parte de la burbuja que estalló en 2008 también están participando. Landsbréf, una subsidiaria de Landesbankinn, que administra 100.000 millones de coronas islandesas (869 millones de dólares) en activos, creó Icelandic Tourism Fund (fondo de turismo islandés) dotado 4.100 millones de coronas. Algunos inversores que están apostando por este vehículo de inversión son los fondos de pensiones y otros inversores que buscan inversiones seguras, pero en las que se pueda obtener alguna rentabilidad.

Para evitar que el flujo de turistas decaiga, la industria turística está buscando nuevos atractivos, incluso en los parajes más protegidos y perdidos de Islandia. Uno de los proyectos más espectaculares es un túnel de 500 metros excavado a lo largo del interior del glaciar Langjökull. La ciudad más cercana queda a 65 kilómetros.

Demasiado bien

De hecho, al sector turístico de Islandia le está yendo tan bien que podría convertirse en víctima de su propio éxito, asegura Grímur Saemundsen, máximo responsable de la Laguna Azul, un balneario geotermal situado al suroeste de Islandia y que posiblemente es el lugar más visitado del país por los turistas. Aunque Saemundsen observa “una demanda enorme y oportunidades de inversión”, su principal preocupación es que la corona islandesa se fortalezca demasiado por la entrada de turistas y termine hundiendo otros sectores dedicados a la exportación. Esta situación se conoce en la jerga económica como el mal holandés.

Otra inquietud es el exceso de capacidad. El número de aerolíneas que viajan a Islandia pasó de 7 a 25 en los últimos siete años, las licencias para alquiler de coches se triplicaron entre 2003 y 2015 y se proyecta que se sumen 2.450 habitaciones de hotel hasta 2018, según Íslandsbanki. Aunque los operadores sostienen que el turismo es un negocio bastante estable, sigue siendo susceptible a los cambios en la moda y los gustos.

“Siempre quise venir aquí”, explica Steven Rose, un joven londinense, antes de quejarse del exceso de turistas en Reikiavik. “Este lugar está plagado de turistas y está hecho para ellos”. (El Economista/COLIBRI)