ISABEL DE GODIN
Ermel Aguirre/Guayaquil.
Isabel Grameson Pardo nació en Riobamba en 1728 y falleció en Saint-Amand-Montrond, Francia, en 1792; se inscribe en el contexto de la llegada del primer viaje de la Misión Geodésica Francesa a territorios de la Presidencia de Quito (1736–1744).
La misión geodésica francesa (también llamada Misión Geodésica Hispano-Francesa), que llegó a la Real Audiencia de Quito, fue una expedición científica para medir la distancia equivalente a tres grados del meridiano del hemisferio sur.
Fue una de las primeras expediciones científicas modernas de ámbito internacional.
El propósito fundamental era comprobar la forma de la Tierra.
Estuvo conformada por científicos enviados por el rey de Francia Luis XV a los territorios de la monarquía española, con el permiso y aprobación del rey Felipe V.
Sus integrantes fueron miembros de la Academia de Ciencias de Francia. Debían completar los datos necesarios para medir la verdadera forma de la Tierra a través de la estimación de un arco del meridiano terrestre.
Los integrantes de Francia: Charles Marie de La Condamine, astrónomo, aportó con recursos para la expedición; Louis Godin, científico, astrónomo e investigador principal; Pierre Bouguer, astrónomo; Joseph de Jussieu, botánico; Jean Seniergues, médico; además, dos jóvenes guardias marinas de la Academia de Cádiz, ascendidos a tenientes de navío para la misión: Jorge Juan y Santacilia, matemático; Antonio de Ulloa, astrónomo y naturalista.
La misión contó con la colaboración de: Pedro Vicente Maldonado, geógrafo, topógrafo y naturalista riobambeño; Juan Magnin, cartógrafo, etnógrafo y misionero.
Su historia fue difundida en Viaje de la Señora Isabel Grameson Pardo de Godin des Odonais, durante su viaje por el río de las Amazonas (1774), referido al alemán Richard Müller.
Doña Isabel Grameson Pardo de Godin era hija de una familia acomodada de Riobamba; recibió educación esmerada: dominó francés, quechua y conocía los quipus.
En 1741, a los trece años, se casó con el cartógrafo francés Jean Godin des Odonais, miembro de la expedición geodésica.
Poco después, él viajó hacia la Guayana Francesa, pero conflictos coloniales le impidieron regresar, prolongando la separación por más de veinte años.
En 1769, Isabel decidió reunirse con su esposo, emprendiendo una arriesgada travesía desde los Andes hacia la Amazonía.
Partió con un grupo de más de cuarenta personas, entre familiares, criados e indígenas.
La expedición se vio diezmada por enfermedades, hambre, insectos y abandono.
Tras el colapso del grupo, Isabel quedó sola en la selva, rodeada de los muertos, y sobrevivió durante días en condiciones extremas hasta ser auxiliada por indígenas que la condujeron a una nave portuguesa.
Su odisea la convirtió en la única sobreviviente de la expedición.
En 1770, logró reencontrarse con su esposo en Oyapock.
Años después viajaron a Francia, en donde ambos murieron en 1792.
Este relato constituye un temprano testimonio de la participación femenina en la exploración geográfica y la literatura de viajes. Aunque su historia fue adornada con tintes heroicos, permanece como una de las más extraordinarias travesías registradas en la Amazonía.
