Opinión

Irresponsablemente, hemos abandonado la política

 

Por: Luis Garcia Miró Elguera . Perù.

“El precio de desentenderse de la política es ser gobernado por los peores hombres.” Sabias palabras de Platón. Los peruanos –en general, muchísimos latinoamericanos- hemos venido inculcándole a nuestra sociedad el mito de que la política es corrupta por antonomasia, y que para tener éxito en la vida hay que dejar que esta función la asuman “otros”. Vale decir, hemos inducido a que los incapaces, los ganapanes, los vagos, los mañosos y los figurettis asuman esta fundamental función ciudadana. Salvo honrosas excepciones, hemos endosado la política a los bucéfalos quienes, por línea de carrera, se valen de la corrupción como artificio facilista para llenarse los bolsillos y llenarle las arcas a sus compinches, con el propósito de consolidarse a codazos y lograr sobresalir como figuras públicas.

Que, al final de cuentas, es en lo que han convertido a la actividad política sucesivas generaciones de peruanos, la gran mayoría de ellos de escasísimas condiciones para ejercerla. Gente fundamentalmente sin educación cívica o con una de muy baja intensidad. Personas, por cierto, ajenas o ligeramente enteradas de lo que son los ejes morales del país; indiferentes a basar sus actos en los principios democráticos; profesas en economías pública y privada; desconocedoras de nuestra riquísima historia y negadas en crónica universal; incapaces de aplicar los derechos civil y penal ajenos a la influencia política; inexpertas en derecho constitucional, etc.

El irresponsable presidente Vizcarra se rasga las vestiduras destripando al Congreso al cual califica como inservible y contrario a los intereses del país. Cierto que lo mismo hace Vargas Llosa al llamar al Parlamento -democráticamente electo por 30 millones de peruanos- “una vergüenza para el país porque está lleno de semianalfabetos y pillos”. Aunque en el ejemplo Varas Llosa, se trata de una fobia patológica contra el fujimorismo por la demoledora derrota que sufriera tras su brevísima y frustrante carrera política. Pero ambos representan, precisamente, a esa incompetencia innata y a esa imprevisión absoluta que transpiran aquellos que -incluido PPK, por ejemplo- se creyeron habilitados para ejercer, de manera improvisada, ese delicadísimo oficio político, siendo todos ellos unos reverendos advenedizos en esta materia.

Hemos cometido un gravísimo error entonces al abandonar el manejo administrativo del país, entregándoselo a gente incompetente. Gente no pensante en que la misión política es una responsabilidad muy importante porque constituye la fuerza impulsora que lleva los destinos de toda una sociedad. Y en nuestro caso, la ha conducido al lamentable estado en que se encuentra. Ya es tarde para llorar sobre la leche derramada. Queda sólo asumir el costo y repensar cuál debe ser la filosofía a aplicar de aquí en adelante para las generaciones futuras. Si continuar banalizando la política cediéndole su manejo a los menos capaces y machacándole a los escolares y universitarios la mala fama del político -convertido en sinónimo de incapaz, haragán y, fundamentalmente, corrupto- o si hay que inculcarle a nuestros jóvenes la misión de capacitarse como los mejores para que, en lo sucesivo, se preparen para ejercer ese oficio político de manera responsable y competente.