Opinión

Irán se pregunta con sorna dónde está Yibuti en plena “guerra de embajadas”

Artemis Razmipour y Álvaro Mellizo

@EFE

Irán se está tomando con sorna y humor la “guerra de las embajadas” con Arabia Saudí, vista en el país como la rabieta de uno de sus tradicionales rivales y sus insignificantes aliados como Yibuti, blanco de numerosas bromas en las redes sociales iraníes que se preguntan dónde queda ese nuevo enemigo.

“Yibutí ¿dónde estás?, exactamente ¿dónde estás? ¿Quién o qué eres? Busqué en el mapa, querido ¿dónde estás?”, dice la letra adaptada al conflicto de una muy famosa tonada romántica iraní que ha hecho furor en las redes sociales y que se ha transmitido como la pólvora entre los ciudadanos a través de sus teléfonos móviles.

Este ha sido uno de los muchísimos ejemplos de burla y humor surgidos en el país durante la última semana al calor de la escalada de la tensión entre Teherán y Riad tras la ejecución la semana pasada en Arabia Saudí del clérigo chií Nimr Baquir al Nimr, que derivó en graves protestas y en el asalto a la embajada del reino árabe en Teherán y su consulado en la ciudad de Mashhad.

Tras dichos ataques, Arabia Saudí rompió indignado sus relaciones diplomáticas con Irán y presionó a sus aliados para que hicieran lo mismo.

Riad fue secundado por Bahrein, Somalia, Yibuti y Sudán, mientras que Emiratos Árabes redujo el nivel de sus relaciones y otros países del golfo llamaron a consultas a sus embajadores.

La Liga Árabe también envió un mensaje de condena contra las “provocaciones” iraníes en asuntos de la región.

Todos estos mensajes han sido recibidos con calma por las autoridades de Teherán y con cierta displicencia por la población iraní, tradicionalmente enemistada con los árabes y que ve con suficiencia el escaso nivel de apoyo obtenido por Riad en este asunto.

Ciertamente, a los iraníes no les preocupa en absoluto ni el minúsculo Yibuti, ni Bahrein, cuyo gobierno depende de Riad para controlar a su población mayoritariamente chií, ni Somalia o Sudán, estados que también necesitan de ingente ayuda económica saudí para subsistir.

Así, otra foto que se ha hecho viral muestra al ministro iraní de Exteriores, Mohamad Yavad Zarif totalmente indignado junto al secretario de Estado de los EEUU, John Kerry, que intenta tranquilizar a su colega mientras este grita “quiero saberlo realmente ¿es Sudán también un país?”.

“Tras la ruptura de lazos de Yibutí e Irán, el Ministerio de Asuntos Exteriores de nuestro país dio un plazo de 24 horas… para que encuentren su país en el mapa”, reza otro chiste publicado por la prensa local.

La despreocupada aproximación de los iraníes a este asunto refleja la cada vez mayor fuerza que la República Islámica tiene en la comunidad internacional, en donde por primera vez en mucho la población siente que no es considerada como el mayor enemigo de la estabilidad regional y los focos apuntan hacia el otro lado del Golfo Pérsico.

El acuerdo nuclear alcanzado entre Irán y el Grupo 5+1 (EEUU, Francia, Rusia, China, el Reino Unido y Alemania) el pasado mes de julio abrió la puerta a un deshielo en las relaciones del mundo con el país asiático, algo que desde Arabia Saudí ha sentido como una amenaza a su poder regional.

Para los iraníes, las torpezas diplomáticas y militares saudíes, como su apoyo a los terroristas de Estado Islámico o su intervención en Yemen que no tiene visos de encontrar una salida son vistas con cierta satisfacción, así como sus cada vez mayores problemas económicos y sociales.

Por el contrario, el futuro de su país aparece cada vez más brillante, con importantes perspectivas económicas y con una influencia global que crece de forma geométrica pese a los intentos de Riad de contenerla.

“Ahora Arabia Saudí se ira corriendo frente a la ONU y se tirará al suelo para ganarse un penalti”, dice otro chiste iraní, que expresa así la opinión general del país de que en este conflicto los saudíes están perdiendo y que sólo haciendo trampas podrán encontrar una salida.

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