Ciencia

Invertir en nutrición podría salvar millones de vidas

La alimentación debe ser considerada una piedra angular de la salud según resalta la OMS en un nuevo informe. En el país comprueban que uno de cada tres niños y seis de cada 10 adultos tienen una dieta de baja calidad.

Los servicios de salud deben hacer más foco en asegurar una nutrición óptima en cada etapa de la vida de las personas, según un nuevo informe publicado por la Organización Mundial de la Salud (OMS) el miércoles último, en el que asegura que una inversión adecuada en nutrición puede salvar 3,7 millones de vidas para el 2025.

“Para brindar servicios de salud de calidad y alcanzar la cobertura universal de salud la nutrición debe posicionarse como una de las piedras angulares de los paquetes de salud esenciales”, afirmó la doctora Naoko Yamamoto, directora general asistente de la OMS.

“También necesitamos mejores entornos alimentarios que permitan a todas las personas consumir dietas saludables”, añadió.

Los paquetes de salud esenciales en todos los escenarios deben incluir componentes de nutrición robustos pero los países deberán decidir qué intervenciones son las mejores para apoyar sus políticas nacionales de salud, estrategias y planes, advirtieron desde la OMS.

Entre las intervenciones clave, la entidad sanitaria mundial señala la provisión de suplementos de hierro y ácido fólico durante el periodo prenatal; el retraso del corte del cordón umbilical para asegurar que los bebés reciban nutrientes importantes que necesitarán tras el nacimiento; la promoción, protección y apoyo de la lactancia materna; brindar recomendaciones alimentarias tales como limitar la ingesta de azúcares libres en adultos y niños y limitar el consumo de sal para reducir el riesgo de enfermedad cardiovascular y accidente cerebrovascular (ACV).

Asimismo, el informe de la OMS indica que la inversión en acciones vinculadas con la nutrición ayudará a los países a acercarse al objetivo de lograr la cobertura universal de salud y las Metas de Desarrollo Sustentable.

DESAFIOS PENDIENTES

Si bien el mundo ha progresado en términos de nutrición asún quedan grandes desafíos por delante, admite la entidad. “Hubo una reducción global del retraso de crecimiento entre 1990 y 2018: la prevalencia de retraso del crecimiento en niños de menos de cinco años se redujo de 39,2% a 21,9%, es decir que pasó de 252,5 millones de niños a 149 millones, aunque el progreso ha sido mucho más lento en Africa y Sudeste asiático”, detalla el informe.

Sin embargo, la obesidad sigue creciendo. La prevalencia de niños con sobrepeso en el mundo aumentó de 4,8% a 5,9% entre 1990 y 2018, lo cual representa un incremento de más de 9 millones de niños.

El sobrepeso y la obesidad entre la población adulta también está en alza en casi todas las regiones y países, con 1.300 millones de personas que padecían sobrepeso en 2016, de las cuales 650 millones (13% de la población mundial) eran obesas.

“La obesidad es un gran factor de riesgo de diabetes, enfermedad cardiovascular -principalmente cardiopatía y accidente cerebrovascular-, trastornos musculoesqueléticos -en especial, osteoartritis-, y algunos tipos de cáncer -como el de endometrio, mama, ovario, próstata, hígado, vejiga, riñón y colon-“, puntualiza la OMS.

Asimismo, hace hincapié en que un mayor foco en la nutrición por parte de los servicios de salud es clave para abordar ambos aspectos de la “doble carga” de la malnutrición.

El informe titulado “The Essential Nutrition Actions” (Las acciones de nutrición esenciales) es una compilación de las intervenciones que permiten hacer frente a la “doble carga” que representan el bajo peso y el sobrepeso. Es además una herramienta para que los países integren esas intervenciones a sus políticas nacionales de salud y desarrollo.

SITUACION LOCAL

Las recomendaciones de la OMS contrastan fuertemente con la realidad que se vive en la Argentina, donde uno de cada tres niños y seis de cada 10 adultos tienen una dieta de baja calidad, según una reciente investigación realizada por el Centro de Estudios sobre Políticas y Economía de la Alimentación (CEPEA) a partir de un relevamiento de Kantar TNS.

“Desde el segundo año de vida, una vez que el niño ya se encuentra plenamente incorporado a la alimentación familiar, decaen los parámetros de calidad de la dieta”, advirtieron los especialistas del CEPEA.

El estudio, denominado “ABCDieta”, surgió del análisis de una encuesta de la consultora Kantar TNS y tuvo por objetivo evaluar la calidad de la dieta de los argentinos. El trabajo incluyó el relevamiento de hábitos de alimentación de 1.044 personas de entre 1 y 69 años de Capital, Gran Buenos Aires, y las ciudades de Córdoba, Rosario, Mendoza, Neuquén, Tucumán, La Plata, Mar del Plata, Salta y Posadas.
“Entre las principales conclusiones del trabajo, se observó que en los primeros años de vida, si bien no se alcanzan los valores ideales, la dieta presenta la calidad más alta de todo el ciclo vital.

A partir de allí comienza a decaer dramáticamente a menos de la mitad del estándar saludable, valor que encontrará un leve repunte recién a partir de los 18 años de edad”, describió el profesor Sergio Britos, nutricionista, director de CEPEA y autor principal del estudio.

“Esta caída pone en evidencia que el cuidado especial de la dieta en los primeros años se relaja cuando se produce la integración del niño a los hábitos alimentarios del resto del grupo familiar”, agregó.

Por su parte, la licenciada Catalina Güiraldes, nutricionista y analista de Proyectos de CEPEA, apuntó que “luego de los tres años, el consumo de las diferentes opciones lácteas, frutas y ciertos hábitos de desayunos saludables pierden terreno y la alimentación se vuelve más “a la argentina”, rica en harinas, azúcares, panificados dulces y salados, carne y pizzas”.

DENSIDAD NUTRICIONAL

Basados en antecedentes internacionales, se asignó a cada alimento un puntaje a partir de su “densidad nutricional”, que surge de la relación entre su aporte de calorías y de nutrientes, tanto los que se recomienda incorporar en la dieta (esenciales) como los que se procura limitar (nutrientes críticos). El puntaje de cada alimento (su densidad nutricional) se pondera por las calorías ingeridas según el relevamiento y luego la sumatoria determina el “Indice de Densidad Nutricional de la dieta” (IDN), que refleja la calidad de la alimentación en forma totalmente consistente con las recomendaciones de las guías alimentarias. El valor estándar o saludable es de 20 puntos (23 en menores de tres años).

Al analizar el IDN de cada grupo de edades, se halló que en promedio los niños con un año cumplido presentan un valor de 18 puntos (69% del estándar), cinco puntos por debajo de los 23 de la dieta “ideal” para dicha edad, aunque mayor al resto de las edades analizadas.

A partir de allí -y en especial luego de cumplidos los dos años, cuando el IDM es de 13 puntos-, la calidad de la dieta cae significativamente en el grupo de tres a siete años, manteniéndose luego en esos niveles bajos hasta los 17 años, luego de lo cual existe un leve repunte, pero que no logra superar un nivel de 10 puntos de calidad.

En opinión de los especialistas, este repunte puede responder a una mayor conciencia sobre la importancia de una alimentación saludable. No obstante, los valores siguen siendo mucho más bajos que lo deseable. Es decir, que una vez que los niños llevan la misma dieta que su familia adquieren su perfil de pobre calidad; la escuela no modifica para bien esta caracterización y luego, a pesar de muy leves mejorías, persiste a lo largo del ciclo de vida.

CUATRO FACTORES

Según los especialistas de CEPEA, son cuatro los eventos alimentarios significativos que ocurren luego de la infancia temprana: se pierde la “protección” de la lactancia materna; se reduce el aporte nutritivo de los lácteos (leches de fórmula, leche y yogur) y frutas -cuyo consumo se reduce-; y en paralelo, se acelera el consumo de azúcar (en particular gaseosas, jugos y galletitas dulces); y preparaciones como pizzas o sándwiches empiezan a ganar protagonismo en la dieta.

Al evaluar la brecha entre lo que se consume y las recomendaciones de las guías alimentarias, la magnitud es del 70% (promedio de todas las edades), en especial por el bajo consumo de verduras, frutas, legumbres, cereales integrales y lácteos. Por el contrario, el exceso de consumo de aquellos alimentos que se sugiere ingerir en forma ocasional (bebidas azucaradas, galletitas dulces y azúcar) es del doble en niños y del 50% en adultos.

De acuerdo con el estudio de CEPEA los desayunos y meriendas son los momentos de ingesta donde la alimentación tiene peor calidad, en parte por el bajo consumo de lácteos y cereales integrales y el alto consumo de azúcar para endulzar infusiones.

Entre los nutrientes críticos, merece especial atención el azúcar cuya ingesta total en todos los segmentos etarios es alta (110 gramos promedio, superando la recomendación europea de 90 gramos), apuntaron desde CEPEA. Su mayor aporte se origina en los alimentos de consumo ocasional, entre los cuales dos tercios provienen de bebidas e infusiones azucaradas (el mate dulce es uno de los principales).

CINCO PRIORIDADES

A partir de los hallazgos del estudio ABCDieta, CEPEA propuso cinco líneas de políticas públicas prioritarias:

1) Fuerte impulso a acciones de educación alimentaria en los primeros años de vida y en las escuelas. En particular, promover la educación del gusto y del manejo de las emociones al comer.

2) Definición de estándares serios y técnicos en alimentación escolar, en especial en relación con los desayunos y comidas escolares.

3) Perfiles nutricionales y etiquetado frontal en alimentos debidamente validados, que se traduzcan en más y mejores opciones para que el consumidor pueda mejorar la calidad de su dieta.

4) Resignificación de la dieta de los primeros años de vida, al menos hasta finalizada la escolaridad.

5) Definición de canastas saludables de alimentos en reemplazo de la habitual canasta básica, que sirvan como referencia para la adopción de medidas regulatorias y de seguridad alimentaria.