Opinión

Intromisión a la mexicana

Por Gerardo Maldonado Zeas/ Cuenca

 

Andrés Manuel López Obrador (AMLO), el presidente mexicano, es un recadero de lo más descompuesto de la política de América Latina. En su tormentoso problema para enhebrar las ideas y convertirlas en palabras, se entrometió en la vida pública de nuestro dolido país, más o menos dando a entender que fuerzas oscuras relacionadas con la violencia, y la difusión pública de los candidatos al debate con chalecos antibalas, perjudicaron a la “candidata del progresismo” quien llevaba la delantera en la primera vuelta con de 10 puntos de ventaja.

Fernando Villavicencio, fue asesinado a pocos días de los comicios de agosto pasado, por quienes odiaban sus declaraciones y las inculpaciones que hizo en contra de la delincuencia organizada, en la cual se incluyeron narcos, políticos y operadores de justicia. Los casos Metástasis, Purga y Plaga que investiga la Fiscalía, van demostrando que las indagaciones de la víctima, hechas públicas a través de sus elocuentes intervenciones en su portal periodístico y luego en la Asamblea Nacional (AN), tienen inmensas coincidencias con lo que se va destapando en estos días.

AMLO, en una intervención desacertada, olvida que el lunes pasado fue asesinada la candidata a la alcaldía de Celaya, Gisela Gaytán, tal como titulariza el diario El País: “una candidata sin custodia y a merced de los sicarios” mujer valiente, reconocida por sus partidarios como alguien que “no tenía miedo” a nada, ni a nadie.

Con legítimo derecho, el Ecuador declaró persona non grata a la embajadora mexicana, Raquel Serur, amparado en la Convención de Viena sobre Relaciones Diplomáticas, lo cual no significa romper relaciones con México, aunque a muchos ecuatorianos les gustaría, porque con así amigos, para qué enemigos.

Mientras Glas se encuentra de “huésped” en la embajada mexicana en Quito, esperando terminen de “estudiar” el pedido de asilo político, la fiscalía general le requiere por el caso “Reconstrucción de Manabí”, uno más de los tantos episodios de su tristemente célebre pasado político, que ante la mirada de los amigos “progres” es simplemente una persecución a las ideas por buscar una “sociedad más justa”.

Aunque las encuestas y modelos predictivos, dan una ventaja a la candidata oficialista Claudia Sheinbaum sobre la opositora Xóchitl Gálvez para las presidenciales del 2 de junio próximo, a López Obrador le preocupa que a dos meses de los comicios, que además elegirá 128 senadores, 500 diputados de la cámara baja, y 16 alcaldías en México DF, se vayan acortando las distancias entre su candidata y la opositora, por lo cual recurre a sus monótonas ruedas de prensa, para aparentar ser el adalid de la democracia, y recordar a los comunicadores sociales que no deben ampararse en la violencia, para trastocar las ideas de quienes acudirán a las urnas. Mensaje subliminal dirían algunos.