Opinión

Influencia del capitalismo en los países pobres.

 Por: Lucy Angélica García/Portoviejo

 

 

En la aparente calma del mes de enero muchas personas se aglomeran en los centros comerciales para aprovechar las últimas ofertas del mes de diciembre, mes de la Navidad.

Música a todo volumen en los locales comerciales y la inconfundible fragancia de café y postres frescos son apetecibles a cualquier hora del día. Oferta y demanda tomadas de la mano son la máscara de un capitalismo imperante en un país donde los pobres posiblemente tienen para una comida al día.

Analicemos cuáles son las consecuencias del capitalismo en los países pobres, posiblemente una de ellas es la creciente debilidad del Estado, mayor desigualdad social, la concentración de la riqueza en grupos muy reducidos de la población, de tal modo se puede concluir fehacientemente que el capitalismo de consumo puede fomentar el estilo de vida individualista, la competencia, la propiedad privada, la inestabilidad o vida libre, valores hedonistas y el culto a lo aparente o superficial. Pero hay algo más importante detrás de todo esto.

El músico y escritor español. Antonio García Castro. (Morón de la frontera. Sevilla- España.) define el capitalismo y sus consecuencias en los países pobres de la siguiente manera.

«El sistema capitalista es devorador del planeta sobre todo con los países más pobres, y hago mención especialmente a los países latinoamericanos que llevan sufriendo en sus carnes a lo largo de la historia, la sin razón de los países ricos.

La sobre explotación de sus recursos naturales. Todo cambio de contentar a una minoría corrupta con una pequeña cuota de poder que les hace sentir que están en la élite económica, mientras tanto es nefasto el descontento de una población con una pobreza extrema que les lleva a delinquir para poder sobrevivir ante una situación caótica manejada por los hilos de las mafias, quienes reclutan a una juventud con la ilusión y la pérdida de valores. Y por sobre todo, con la esperanza y la fe muerta.

¿Cuándo se darán cuenta los poderosos que si hubiera menos desigualdad este sería un mejor planeta? Menos desigualdad, más equidad y mejor reparto de la riqueza. Así no habría ni cárceles, ni delincuencia.»

Hoy el Ecuador atraviesa un proceso obscuro como consecuencia de tanta oferta a un conglomerado humano vulnerable tanto en su economía como en sus valores. Los últimos acontecimientos reflejan una lamentable imagen de Ecuador al mundo. Es hora de despertar a la realidad que nos convoca como ecuatorianos a ser más conscientes de lo que sin darnos cuenta hemos permitido.

Creo que individualmente podemos aportar al cambio desde nuestro lugar como ciudadanos responsables, como padres de las próximas generaciones. La educación de nuestros niños es fundamental, porque de lo que el niño aprende en el hogar y la escuela es de lo que va a nutrir su pensamiento y filosofía de vida. Educación y formación no es lo mismo pero son dos principios que deben trenzarse armónicamente.

Cada uno de nosotros estamos frente a la responsabilidad de hacer cambios en colaboración con todos los organismos que rigen un estado democrático, pero no debemos olvidar nuestro objetivo principal de ser parte fundamental del desarrollo económico del país con nuestro trabajo y recursos propios administrados con honor y responsabilidad absoluta.