Opinión

Inchoneando

Ab. Luis Hidalgo Vernaza/Guayaquil

 

 

Es un término que no encontrarán en el diccionario de la Real Academia Española. Sin embargo, es bastante común en el léxico popular cuando se quiere describir a una persona que busca crear un ambiente de conflicto, ya sea entre dos individuos o entre una persona natural y una persona jurídica.

«Inchonear», en definitiva, no es otra cosa que fomentar —o procurar que se fomente— una animadversión hacia alguien. Para ello se recurre a una serie de argumentos: algunos contienen una parte de verdad; otros, simplemente, son producto de la invención o la exageración.

Traigo a colación este término porque, en ocasiones, los conflictos internos dentro de un Medio de Comunicación sean de carácter personal o jurídico, terminan trasladándose a sus páginas. Como consecuencia, los hechos se reinterpretan y la información adquiere un enfoque que puede alejarse considerablemente de la realidad objetiva.

El Medio al que hago referencia, así como algunos de sus columnistas —no todos, por supuesto—, mantiene una postura marcadamente crítica frente al gobierno del presidente Noboa. Según se comenta, esa confrontación tendría tanto un trasfondo personal como uno jurídico. Si ello fuera cierto, explicaría por qué buena parte de su cobertura de los acontecimientos nacionales parece estar impregnada de un permanente «inchoneo».

En varias columnas de opinión se percibe una narrativa orientada a exacerbar el descontento y la confrontación. Esa tendencia resulta aún más evidente en ciertos articulistas provenientes del altiplano, cuyas opiniones suelen mantener ese mismo tono.

El «inchoneo» no se manifiesta únicamente contra el Gobierno. También alcanza a los movimientos políticos y sociales que mantienen posiciones distintas y, en ocasiones, busca involucrar al sector empresarial, alentándolo a asumir una actitud de confrontación bajo el argumento de que actúa condicionado por el temor que, según sus críticos, infunde el poder.

El anticipo del proceso electoral y la aparición de los primeros candidatos, sumados al caso PROGEN —en el que, contra viento y marea, se pretende involucrar incluso al propio Presidente de la República— y al Juicio Político contra la exministra Manzano, ocupan diariamente los titulares, siempre acompañados del correspondiente inchoneo. Pareciera que, a toda costa, hay que hacer correr tinta roja. Tal es la vehemencia de ese inchoneo que ni siquiera quienes asesoran políticamente al sector empresarial se han librado de los comentarios de marras.

La crítica es indispensable en una democracia y constituye una de las funciones esenciales de la prensa. Sin embargo, una cosa es censurar con independencia y otra muy distinta es convertir la información en un instrumento para alimentar resentimientos, conflictos o intereses particulares. Cuando esto ocurre, el periodismo deja de servir a los ciudadanos y pasa a servir a quienes pretenden «inchonear» la opinión pública.