Opinión

Iglesia y pedofilia

Comprendo que, en este tema tan delicado, debo empezar reconociendo que no se debe generalizar, siempre habrá religiosos abnegados y responsables de sus votos religiosos, pero: ¿qué opinaría un feligrés al enterarse de que, con las mismas manos con las que un sacerdote le dio la comunión en los labios, ultrajó y violó a uno o muchos niños inocentes?; esos a los que Jesús se refirió cuando dijo: “dejad a los niños que vengan a mí, porque de ellos es el Reino de los Cielos”, y no es uno, ni dos, ni tres, ya son cientos de “sacerdotes” católicos en todo el mundo para los que la pedofilia y la pederastia se han convertido en algo así como un moderno “deporte espiritual”, exento de juicios ni controles por parte de la “sacrosanta” iglesia católica; a esto ya no se le puede llamar epidemia, ¡es una verdadera pandemia global!, un cisma de “santificada inmoralidad”, ya son cientos de sacerdotes acusados de pederastia y encubiertos por los mismos arzobispos y diócesis alcahuetas; todo parece indicar de que va siendo hora de que un moderno Lutero clave otras nuevas y renovadas tesis en las poco convincentes y opulentas puertas del Vaticano… las religiones en general -y la católica no se salva en absoluto- han sido las culpables directas de las más sangrientas carnicerías y brutales luchas en la historia de la humanidad, y nunca por defender la espiritualidad, sino por alcanzar el poder económico y, casi siempre, en nombre de un Dios desconocido, incomprensible e imposible de definir.

En el caso concreto del cristianismo, el “desbarajuste” comenzó cuando el Emperador Constantino, en el siglo III de nuestra era, instauró el Cristianismo como la religión oficial de Roma, y allí fue donde se unieron el poder religioso con el poder político, donde se dio el nacimiento -aún en ciernes- del Vaticano, y el dios dinero se entronizó -subrepticiamente- por encima de los preceptos del maestro de maestros, Jesucristo quien clamaba: “el que quiera ser mi discípulo, ¡déjelo todo y sígame!”, o cuando sacó a los mercaderes del templo a golpes e increpándoles que la casa de su Padre no era un vulgar “rejuego” de intercambio comercial, o cuando acusó a los sacerdotes y fariseos que eran los falsos e hipócritas “representantes de Dios” de ese tiempo gritándoles: “¡generación de víboras, ustedes son como sepulcros banqueados, por fuera limpios y ordenados, y por dentro llenos de toda podredumbre!”.

Esta historia de farsas, hipocresías y violaciones no es para nada nueva en la iglesia católica, lo que pasa es que hoy, gracias al avance de la tecnología y el alcance global de las redes sociales, se ha convertido en un cáncer que ya no se puede ocultar, en nombre de Dios se han cometido engaños, estafas, genocidios gracias a un sedante, enfermizo y manipulador adoctrinamiento y un eficiente y subliminal dogmatismo que adormece a los “creyentes” en el limbo de su propia y ancestral necesidad espiritual de aferrarse a algo, ante el insondable e inconmensurable misterio de no saber de dónde venimos, ni hacia dónde vamos; cada ser humano lleva dentro de sí un pequeño y portentoso dios, solo debe descubrirlo y cultivarlo y así podrá conectarse con el único, sublime y elevado Dios, con la Energía Suprema del Cosmos, o como cada quién quiera llamarle.

Cada cuál, desde el propio silencio de su alma, puede comunicarse directamente con Dios, además, Dios, ¡siendo Dios!, ¿acaso necesitase tener representantes ni intermediarios entre Él y el sediento y agobiado corazón humano?

En parte, por todas estas razones es que suceden estas barbaridades “eclesiásticamente” aceptadas, protegidas, ocultadas y disimuladas por los máximos representantes de una religión que, analizándolo objetivamente, ha llegado al punto de hallarse precariamente sostenida sobre frágiles y falsos cimientos morales, a no ser por el único cimiento que le queda fuerte y poderoso, y al parecer del que más se ocupa: ¡el poder económico!; será por eso que el genial grupo Les Luthiers afirma que: “la religión es tan buen negocio, que por eso hay una sucursal en cada barrio”…

Volviendo al tema de la pedofilia desbordada en la iglesia católica, para la cual el último Concilio en el Vaticano solo formuló un tímido “mea culpa”, esto provocó la masiva indignación de cientos (por no decir miles) de víctimas de ultrajes y violaciones por parte de “divinizados” sacerdotes sin moral y sin conciencia.

Para concluir, todo esto me recuerda cuánta razón tenía mi sabio abuelito cuando sentenciaba: “cuando un representante de Dios (como si Dios necesitara representantes) comete pecados tan negros, de fijo no tendrá cabida en el Reino de los Cielos, y quizás ¡ni en el de los infiernos!”.

Prof. Julio Vindas Rodríguez/Costa Rica.