Opinión

Humildad y sentido común…

Dr. Jorge A. Norero G./ Guayaquil.

Recuerdo cuando desempeñaba las funciones de alcalde de Guayaquil, con tan solo 30 años, mi sueldo lo donaba a una organización dirigida por monjitas, ubicadas al lado del Riocentro de los Ceibos, porque consideraba que esa entidad requería de las donaciones de muchos, para la gran labor que todavía realizan, y jamás pensando que todo el mundo me alabaría, porque esto recién lo hago público, luego de más de 36 años de aquello.

Ahora resulta y la prensa se ha hecho eco, que el presidente Lasso, anuncia pensando que quizás la gente pensará que es magnánimo, que trabaja desde esa alta función con total desprendimiento y sacrificio, entregará su sueldo todos los meses, a diferentes organizaciones sociales y religiosas.

Lo mismo, de su propio peculio, ha hecho inversiones a la residencia de Carondelet, para darle la elegancia y la sobriedad, que él requiere para pasar los días junto a su esposa y familiares.

Y de esto las redes sociales, se llenan de comentarios al mirar en verdad, tanta elegancia, cuadros, porcelana francesa, tallas, piano, adornos finos, etcétera, que muestran desde otro punto de vista, el mundo que desde el poder, viven los políticos, (esto es así en todo el mundo), no sólo en Ecuador, mientras los ciudadanos, los súbditos, la plebe, sólo puede ver desde afuera, como nuestro dinero, lo disfrutan los que tienen el poder, para sentir que se merecen eso y mucho más de privilegios y prebendas.

Lo mismo sucede con los Reyes, curas, militares, policías, ministros…, recorrer sus oficinas, Palacios, residencias, es sentir que trabajamos para que ellos, vivan en la opulencia y zona de confort, mientras afuera el hambre y la muerte acecha a los pobres y mayorías.

No necesita el presidente dos aviones, el costo de mantenimiento seguramente es alto, y por ahora no estamos en condiciones de seguir vendiendo nuestra farsa de riqueza y opulencia, que nos acostumbró Correa y sus ilusiones de sultán, reyezuelo, y millonario de Wall Street.

Bien presidente, ya sabemos que es un hombre rico y no necesita de ese sueldo, para sobrevivir como Lorenza que con sus $20 todavía no entiendo como dice usted puede vivir durante todo el mes.

Algo parecido dijo su ministro de finanzas, que los que ganan más de $500, son ricos y tienen que pagar impuestos… seguramente el haber vivido en Europa y particularmente en Francia, no sé, intento descubrir que o porqué ellos tienen esa percepción, o como la puedo llamar, para que expresen lo qué dicen.

Traigo estos pensamientos a colación, porque estamos en la puerta de ingreso, conducidos por Lasso y su equipo, lamentablemente no al país del encuentro, presiento que será de la confrontación, del hambre, de las dádivas, y de la mayor incertidumbre jamás vivida.

Guillermo Lasso Mendoza, no despega y no da señales que esa sea su intención, de cambiar en 180 grados el rumbo del Estado, seguimos con la proa del barco, por la misma senda y ruta que trazaron sus antecesores, hacia más endeudamiento, poca inversión privada, excesivo gasto público, viajes en alfombras voladoras, sin proponer quizás por miedo y no quiero pensar por incapacidad, aunque por los hechos parece lo segundo más por el equipo que lo acompaña, de no tener nada que en verdad cambie el rumbo hacia donde nos dirigimos y cuál es el modelo.

De seguir Alberto Dahik, así como otros funcionarios Correístas o no en su entorno, pero que le deben a la justicia rendición de cuentas y pagar con la cárcel sus errores y travesuras, desde hoy comienzo frontalmente a alzar mi voz y a decirle al presidente Lasso, no siga equivocándose presidente, actúe con honestidad, responsabilidad e idoneidad, el decreto 4 sobre ética pública, promulgado por usted, debe en primera persona practicarlo y aplicarlo.

Por Dios recapacite Presidente, está perdiendo la orientación, no nos defraude, está a tiempo de apagar y desbaratar la hoguera que está armada y por encenderse, deje el orgullo y la prepotencia, este el gobierno del Ecuador, no es el Banco de Guayaquil, trabaje con gente sin antecedentes pendientes, prescritos o archivados, está a tiempo, que no se diga que nadie le advirtió.

Semper Fi.