“Hoy es mi día favorito”.
N. P. de G. / Guayaquil
Así comenzaban los saludos diarios de Nacho Jarrín Menoscal. Seguía una serie de pensamientos y música escogida. No le interesaba la política; su espíritu estaba por encima de ella. A veces incluía fotos familiares, sobre todo cuando iban a la playa, en Punta Barandúa o en Jambelí.
Un día dejé de recibir sus mensajes. Supe por Adelita Subía que tenía cáncer. Pensé que, a su edad, duraría muchos años. Sin embargo, quince días después, Pilar de Jarrín, su cuñada —muy querida para mí—, me comunicó que Nacho había fallecido. No podía creerlo. Fue como un balde de agua fría. A mi hermana María Leonor le ocurrió lo mismo.
Fuimos al sepelio. No sabía que tenía un millón de amigos. Conocía a muy pocas personas. Todas, mudas y compungidas, sobre todo su familia íntima. La conocí allí. Mi más sentido pésame. Si yo extraño sus mensajes, ¿cómo estarán los Jarrín? Es el segundo hermano que pierde Virgilio, que es el mayor.
