Opinión

Horas de tensión

Por Gerardo Maldonado Zeas/Cuenca

“La gente empezó a cruzar la calle pisando las franjas blancas pintadas en la capa negra del asfalto, nada hay que se parezca menos a la cebra, pero así llaman a este paso. Los conductores, impacientes, con el pie en el pedal del embrague, mantenían los coches en tensión, avanzando, retrocediendo, como caballos nerviosos que vieran la fusta alzada en el aire”. Fragmento inicial de “Ensayo sobre la ceguera” la obra maestra de José Saramago, que muestra o se asemeja a lo que el martes 9 de enero en la tarde ocurrió en las ciudades del país. Todos despavoridos queriendo regresar a la casa; las redes sociales invadiendo con basura la ya convulsionada atmósfera de terror que el Ecuador vivió desde la noche del lunes.

Cuando revisamos el efecto Pigmalión, comprendemos como el pánico se hace presa en minutos de la conciencia de la gente. La importante influencia que nuestras creencias y pensamientos tienen sobre nuestras capacidades y sobre lo que hacemos. Bastaba entonces serenarse un poco nada más, decían los teóricos, pero la realidad era otra.

Un país sitiado por las mafias terroristas está en los ojos del mundo, las detonaciones de los vehículos de inocentes ecuatorianos se replicaban en la mayoría de las ciudades. La irrupción en TC tv de un grupo de malcriados jugando a ser los Al Qaeda criollos que invaden el set de la televisión para hacer sus proclamas. Minutos de pavor.

El presidente Noboa les declaró la guerra, acto que fue aplaudido por quienes le quieren, y también por los otros, que se rasgan las vestiduras, porque no les queda más.

En pocos minutos se dirigieron a refugiarse en las guaridas, pero el ejército con plenos poderes empezó a sacarles de los pelos. En estos momentos van más de 400 detenidos, y ahora irán por el control pleno de los centros de detención.

Algunos terroristas quieren entregarse, pero ponen condiciones al presidente Noboa. Están asustados, saben que de aquí en más tener el control de las cárceles va a ser difícil. Les amarga la vida saber que las comunicaciones se cortarán, y que el proyecto del nuevo centro carcelario en Pastaza, aunque no le guste al Prefecto, será una realidad en poco tiempo

Un estado de excepción no es bueno para nadie, pero en estas circunstancias es más que necesario. Es posible que este clima de unión de todas las fuerzas políticas posibilite que la Asamblea Nacional (AN) entre en razón y ayude al presidente para reformar los artículos del Código Orgánico Integral Penal, y que las preguntas a ser tratadas por la Corte Constitucional, previa a la Consulta Popular, sean sobre la extradición, eliminación del CPCCS, y la reducción del número de asambleístas, por ejemplo.

Un aire de optimismo se respira en el país. Todo nuestro apoyo a que se consolide la paz, aunque nos demoremos un poco más.