Opinión

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Antonio Aguirre

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Por los últimos acontecimientos del 13 de agosto del presente año, el Gobierno se habrá dado cuenta que el invento del golpe blando es sólo una fantasía que inventaron para hacerse los mártires ante sus coidearios nacionales e internacionales del Socialismo del siglo XXI, ese tipo de golpe de Estado no existe, el golpe siempre es duro y usualmente rueda sangre inocente.

Siempre el Gobierno se refiere a que la restauración conservadora, y la dolarización conspiran contra la estabilidad política y económica del país, restauración que tampoco existe. Lo que sí hay son movimientos sociales y en los países con Gobiernos similares al nuestro hay opositores que por la terrible e incalculable corrupción enfrentan constantemente a sus magistrados, ejemplos: Brasil, Bolivia, Chile, Argentina, Perú y Nicaragua, respecto a la dolarización si no la hubiera ya nos estaría ocurriendo exactamente lo que está pasando en Venezuela, los gobernantes –Panamá y El Salvador- que usan como suya la moneda norteamericana no se quejan porque tuvieron la precaución de tener una consolidada reserva monetaria.

En lo que respecta a nuestro país, el Gobierno actual, triunfó el día preciso en el momento preciso cuando nuestra dirigencia política gozaba del peor desprestigio, suponía el electorado que el actual Gobierno rectificaría el rumbo del Estado encausándonos por el camino del desarrollo y progreso en paz, aprovechando la bonanza petrolera.

Los dirigentes políticos que quedaron activos, a quienes se los cataloga de opositores, nunca han estado unidos y esporádicamente hacen intentos por resucitar a sus organizaciones ya que muchas fueron extinguidas por el Consejo Nacional Electoral, otros han creado partidos o movimientos nuevos, sin ninguna base ideológica y con muy poco carisma electoral, sin que hasta ahora, el señor Presidente Correa tenga una legitimo contradictor que lo enfrente en futuros actos electorales.

¿Estará seguro el señor Presidente? que en el ámbito político nacional no tiene contendor que aglutine y concentre toda la oposición y movimientos sociales lo que correspondería a compararlo como una mezcla del agua con el aceite. Su variable y fuerte carácter, su amor al poder y la inagotable jornada de viajes, cantos, bailes y abundantes atenciones gastronómicas no le permiten pensar en el abandono del poder ya sea por renuncia, incapacidad, destitución o perdida electoral.

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