Opinión

Honrosa invitación.

Dr. Jorge Norero González/Guayaquil

Los seres humanos somos seres temporales, esto es una realidad y verdad irrefutable.

Además de sociales y políticos, somos espaciales, dialógicos, transformadores, y otras cosas buenas, pero también terribles, pero lo de temporales tiene que ver con el determinado tiempo de vida promedio, que generalmente se aplica a todos, (promedio de vida 75 para el hombre, y 80 para las mujeres).

Llegar a los umbrales de los 70, cuando sabemos que más menos, el horizonte de vida en óptimas condiciones, con un ejercicio de vida disciplinado, controlado, sin estrés, buena compañía, entre familiares y amigos, podría variar entre diez y quince años más, siendo va aquello extraordinario y maravilloso, razón por la cual, planificar con mayor sabiduría, responsabilidad y meditación, lo que nos toca por vivir, es una obligación para nuestro entorno y para nosotros mismos…

Es evidente que está planificación podría verse afectada, por amenazas cada vez más presentes, en nuestras frágiles existencias: accidentes, enfermedades, pandemias, catástrofes, etcétera…

Por todo aquello, cada vez se nos hace muy difícil, alejarnos de lo que más amamos: nuestras raíces, familiares, amigos. Por aquello a pesar de haber vivido un tiempo maravilloso en Argentina, decliné la invitación que como Embajador me ofreciera ante esa gran nación, el presidente en funciones, valorando, ante todo, que mi partida me alejaría del seguir compartiendo con mi madre, que, a pesar de su carácter y genio, es parte de mi mayor tesoro y regalo de vida.

Ahora inesperadamente, recibo con inmenso honor, una invitación como profesor invitado, a una universidad, que, por cierto, podría ser la envidia para muchos, no se diga, para aquellos mediocres con ínfulas de genios y académicos, poniendo a este humilde y modesto servidor, en notable posición y autoestima.

Volver a poner en la balanza, aquellos valores y principios que más pesan, no tiene mayor importancia, pese a la valiosa y tentadora oferta, el interrumpir mis planes, sueños, metas y con quién compartir mi tiempo y lugar, no es negociable.

Viendo los toros de lejos, pero siempre más de cerca, me doy cuenta de que cuando más nos alejamos, de aquello que es fundamental en nuestras vidas, más nos preocupamos y estamos pendientes: nuestros hijos, contactos, en definitiva, lo nuestro….

Por aquello me disculpo por ser intenso, por abrir demasiado el libro de mi vida, hacerlos parte esencial de mis pensamientos, anhelos, triunfos, visitas, pero también decepciones, pesares…

Aunque digan que alimento el morbo de la gente, no me importa, si en algo contribuyo ayudar, aunque sea a uno, a mirar la vida desde otro ángulo, y por supuesto mirándose en su propio espejo.

Ya mismo regreso a ese maravilloso mundo de mágicos lugares, maravillosos paisajes, y todavía no contaminados ambientes, pero también a ese otro mundo de violencia, muerte, engaños, pobreza y sufrimientos, y en dónde solo los bizarros sobreviven.

Esta es la vida que hemos logrado llevar, y en que hemos contribuido en tener, sea por acción u omisión, del mundo actual que vivimos. Siento en esto un gran vacío y angustia, porque nuestra acción y pensamiento, ni siquiera ha sido escuchado y peor entendido, por mis más cercanos amigos y conocidos, no se diga aspirar trascienda más allá de la frontera de mi propia comunidad o vecindario, admitiendo por cierto que solo soy y seré, siempre un aprendiz, jamás un experto en nada, y peor miembro de ese honorable oráculo de castrados, eunucos y serviles comensales de los poderes de facto.

Por aquello está invitación a compartir mi modesto pensamiento, es la oportunidad mágica, que probablemente no se vuelva a presentar, pero significaría tener que renunciar a los más preciado y amado, el tiempo y la compañía, el contacto y el aquí, el ser y estar…

Estoy feliz, estoy angustiado, estoy y no estoy, yo solo sé, que nada sé

Semper Fi.