Opinión

Hombre de rojo

 

 

Jorge Alania Vera

Jorge.alana@gmail.com  

Desde Lima, Perú para LA NACIÓN de Guayaquil, Ecuador.

 

 

 

Ayer se celebró en el Perú,  el día del bombero voluntario, fecha en  que se conmemora la fundación, en 1860, de la que actualmente es la compañía más antigua del país: la Unión Chalaca Nº 1, ubicada en el puerto del Callao.

Los bomberos son apreciados en todo el mundo por su vocación de servicio. A nivel mundial los incendios de las Torres Gemelas y de la basílica de Notre Dame, son una evidencia famosa de su  auténtico aporte social. Y en cada país, con regularidad, hacen lo propio, constituyendo un ejemplo para todos.

Y esas historias, siempre edificantes, a veces empiezan en el hogar, como en el caso de Luis Gonzaga Pomares Hernández, o don Luis, como lo conocen a sus 68 años. Desde que nació en Piura, al norte del Perú, aprendió a asociar el rojo con el servicio pues su padre era bombero y él desde niño quería  imitarlo. A los 23 años se incorporó a la Compañía de Bomberos de Piura, Piura 25, de la que llegó a ser teniente brigadier.

Don Luis sigue siendo bombero pero en su caso, el Estado, siempre olvidadizo y hasta indolente con sus miembros, le está devolviendo de una manera participativa y social, su contribución a la seguridad pública:  desde agosto del  2017, Don Luis es usuario  del Programa Pensión 65 del Ministerio de Desarrollo e Inclusión Social (MIDIS), y con la subvención económica mensual que dicho programa entrega, él puede continuar apoyando a su comunidad.

El gran teólogo francés Teilhard de Chardin, escribió: “Llegará el día en que después de aprovechar el espacio, los vientos, las mareas y la gravedad; aprovecharemos las energías del amor. Y ese día por segunda vez en la historia del mundo, habremos descubierto el fuego.” De alguna forma, sencilla y cotidiana, don Luis ya lo ha hecho.