Opinión

Hipocresía y doble rasero

Dr. Franklin Verduga Vélez/Guayaquil

Alondra

Es comprensible que el correísmo llore porque revocaron la visa a una joven extranjera que trabajaba como periodista a su servicio. Pero que organismos como «fundamedios» y diarios que fueron perseguidos por Correa lo hagan, es un espectáculo de hipocresía vergonzosa. Que sectas políticas de bolsillo como CREO, organizadas y mantenidas con los recursos del banquero expresidente Lasso, también se sumen al coro de lamentos va más allá de lo que puede soportarse. Solo lo hacen para atacar al Presidente. Yo, que estoy en un partido que apoya al nuevo régimen y que hoy se distanció por su política económica impositiva, no puedo callar ante tanta estulticia.

Como acostumbro, sustentemos los argumentos sobre el caso. Todos los antes nombrados se cubren bajo el principio de la libertad de expresión. Claro que hay que defenderlo, como lo hicimos algunos en la década del sátrapa que lo violaba a cada rato, lo cual me costó 3 demandas, una de ellas de la Superintendencia de Comunicación, cuando la mayoría de los que ahora se rasgan las vestiduras mantenían cómplice silencio.

Que se informen para saber, por ejemplo, que el código penal de Cuba, país de origen de la dama en cuestión, castiga con 5 años de cárcel más multas al que «mancille con cualquier forma u otros actos que muestren desprecio a la bandera, al himno o al escudo». ¿De qué libertad de expresión puede quejarse esta señorita cubana si en su país todos los medios de comunicación fueron incautados y pertenecen al estado y al partido comunista de Cuba? Pensemos qué haría por las redes sociales la parodia humillante que hizo con nuestro himno nacional en su patria para enterarnos que a bofetadas la llevaron a la cárcel de «Villa Marista». Y peor si fuera extranjera.

La periodista, actriz y no sé qué más, militaba en el correísmo. Está bien, es su derecho, pero como extranjera no puede intervenir públicamente en política interna, principio elemental de soberanía. Ella no solo opinaba, sino que atacaba brutalmente a los adversarios del correísmo, burlándose de algunos. Del actual presidente la escuché decir que era misógino y que perseguía con el poder del estado a su ex esposa, además de no saber el himno, calificándolo de «tonto rico». ¿Alguna vez la escucharon protestar por la expulsión del país y la prisión de la extranjera como ella, Manuela Piq, y la deportación masiva de 100 cubanos que decidió su amado líder Rafael Correa?

Se aferra al hecho de que su madre es ecuatoriana pero no aclara que adquirió nuestra nacionalidad por naturalización, lo cual puede ser anulado si el estado demuestra violación de determinados preceptos legales. ¿Qué sabe esta señora que la visa es un privilegio que el estado otorga al solicitante sin tener obligación de hacerlo? Esta dama y sus defensores quieren convertir esta potestad del estado en un derecho adquirido. ¿Qué les pasa, nos creen estúpidos hacer de una prerrogativa de un país soberano un derecho adquirido? Es como si mañana alguien nos pide el favor de quedarse en nuestra casa y el jefe de hogar le da cobijo, pero después, por algún mal comportamiento o simplemente porque no conviene, le pide que se vaya y el huésped se planta como matón y macho negándose a salir.

Sería tedioso contar todas las acusaciones y ataques de alto tono que esta señora o señorita ha hecho a distinguidos ciudadanos del país o simplemente a hombres públicos en su programa de televisión por cable, auspiciado por el municipio de Guayaquil en esta administración correísta, en la cual ella participó abiertamente. Lo más condenable de este asunto es la hipocresía de los medios de comunicación y los articulistas que confunden la libertad de prensa con la violación de las leyes sobre la no intervención de extranjeros en nuestros asuntos políticos. Estemos alertas para observar si algún juez de los que dejó el correísmo se atreve a conceder medidas de protección en un claro acto de prevaricato.