Hipocresía ambiental del Estado Ecuatoriano.
Dr. Jorge Alberto Norero González/Guayaquil.
De lo que conozco y tengo entendido, la fuente de captación para la potabilización del agua que abastece a Guayaquil, hace ya décadas no proviene directamente del río Daule. La Planta de Tratamiento “La Toma”, ubicada a orillas del Daule cerca de Nobol, obtiene el agua del río Pula, uno de sus afluentes, debido a los altos niveles de contaminación registrados en el Daule. Esta contaminación tiene su origen en las descargas tóxicas de empresas privadas y de otros municipios, que vierten sus aguas servidas sin tratamiento alguno, provocando serios daños ecológicos al río y a la naturaleza circundante.
No me referiré aquí a la práctica, igualmente nociva, de miles de personas que aguas arriba convierten las orillas de los ríos en enormes lavanderías públicas, utilizando jabones y detergentes que agravan el deterioro ambiental sin que autoridad alguna intervenga.
Con toda seguridad, ningún río de nuestro país está exento del daño que provoca la acción humana y sus malas costumbres de transformar paraísos naturales en basureros y, en el peor de los casos, en desiertos.
Hay municipios que incluso arrojan desechos sólidos —basura— directamente a los ríos, que luego corren aguas abajo, con total irresponsabilidad y sin que se sancione a sus autoridades por estos verdaderos crímenes ambientales.
Pero quizá el peor atentado contra el ecosistema, del que casi nadie habla, ocurre en una zona de altísima sensibilidad: el Parque Nacional Galápagos. Allí, los desechos humanos se filtran por las grietas de las islas del archipiélago, contaminando el subsuelo y afectando un patrimonio natural de la humanidad. Es, sin duda, uno de los crímenes ecológicos más graves que se cometen en nuestro país.
Queremos combatir la contaminación y castigar los crímenes contra la naturaleza —que tiene derechos, aunque muchas veces solo en el papel y cuando conviene a intereses políticos o demagógicos—. Está bien que así sea, pero el combate ambiental debe convertirse en una política de Estado permanente, y además, en materia de estudio en los centros educativos y en el propio núcleo familiar.
Semper Fi.
