Opinión

Hípica en la ciudad capital

Tomado de la revista El Derby

sidepaderby@hotmail.com

La afición a las carreras nace, paradójicamente, de la mano del poeta Humberto Fierro, quién pertenecía a una de las familias más adineradas de Quito. Construyó el primer óvalo para carreras de caballos en su hacienda Miradores, a la entrada de Cayambe, ahí, a principios del 1900 los invitados de Humberto Fierro (parte de la Generación Decapitada) gustaban y admiraban a hermosos ejemplares importados pasar al galope, frente a la lujosa tribuna llena de lo más selecto de la sociedad quiteña y de los intelectuales que introdujeron el Modernismo en la literatura ecuatoriana.

Don Arturo Dragón, posteriormente uno de los mejores preparadores de caballos en el hipódromo la Carolina, fue traído desde Chile para enseñar la monta alta que distingue a los jockeys modernos y fue el relator de esta fabulosa historia.

El hipódromo “Quito” de la familia Mantilla, en los años XX
La historia salta, a principios de los años 20, al hipódromo de Quito de la familia Mantilla (de los teatros y El Comercio) que en sus terrenos de lo que hoy es la Mariscal, realizaban programas de carreras con caballos criollos, según el preparador antillano Alejandro Spooner.
Disponían para la programación de más de 150 caballos, pero la urbanización de esas tierras termino con el espectáculo.

De la cancha de Polo “El Girón” a “La Carolina”.
El gusanillo de las carreras prendió tan fuerte que para 1949, los promotores por afición: Jaime del Hierro, Galo Semblantes y Galo Jaramillo realizan en la antigua cancha del polo de El Girón, una pista improvisada , se cerraba con los guardachoques de los carros de los aficionados y apostadores como los González Artigas, Dávalos Alvares, los Valdiviesos para aplaudir a los jinetes caballeros como: El Mayor Guillermo Chiriboga, Teniente Antonio Moral y Jaime Burbano Calderón quién fue el invensible en el caballo Tonny.

Realizaron una temporada de cinco reuniones a semana seguida que entusiasmaron al grupo que fundó, ese mismo año, el Club Hípico de Quito Sociedad Anónima. Este club arrendó los terrenos del actual parque La Carolina, para construir: una espectacular tribuna, digna de cualquier capital del continente, una pista de 1.800 metros, un paddock de exhibición de los caballos y un bloque de pesebreras que permitieron inaugurar la temporada 1951-1952, con las que los quiteños incorporar a sus domingos de recreación las carreras de caballos.

El Hipódromo la Carolina funcionó durante 6 temporadas desde 1951 hasta 1956 en que cerró sus puertas. Posteriormente en la segunda mitad de los años 60, la ilusión y la afición de Galo Semblantes, Carlos Serrano Polanco, el Dr. Luis Moreno Cordero y Juan Aguirre Avilés consiguieron citar a los aficionados en el cuartel de caballería Yaguachi, en la Academia Militar del Valle y por último en las antiguas instalaciones del Hipódromo la Carolina para recrear las carreras de caballos para el público quiteño que se quedó sin este espectáculo desde 1.970.

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