Opinión

 Herramientas claves contra el hambre y el cambio climático

Ing. Agr. Mauro Erazo Vélez.

Presidente del Foro Agropecuario Ecuatoriano.

Presidente de la Asociación de Ingenieros Agrónomos del Ecuador.

 

 

La agricultura sostenible es la agricultura realizada de manera sostenible que satisface las necesidades alimentarias y textiles actuales de la sociedad, sin comprometer la capacidad de las generaciones actuales o futuras para satisfacer sus necesidades.

La agricultura sostenible, aquella que es respetuosa con el medioambiente, rentable y social, se ha convertido en una prioridad. El valor de la producción agrícola mundial supera los 3.000 billones de dólares al año y en algunos países supone hasta el 40% de su riqueza, según datos del Banco Mundial. Pero es responsable de más del 20% de los gases de efecto invernadero (GEI).

 Son más de 30.000 millones de insectos. Un ejército de trabajadores incansables que en los últimos meses ha ocupado 25.000 de las más de 31.000 hectáreas dedicadas al cultivo hortícola en invernadero en las provincias españolas de Almería y Granada. Forman parte de las medidas de control biológico de plagas que desde hace años aplica la industria agrícola de esta zona del Mediterráneo.

La primera aplicación masiva de control biológico en Almería tuvo lugar en 2007. La resistencia de algunas enfermedades y plagas a los pesticidas químicos había mermado la producción y disparado las advertencias por los residuos encontrados en las hortalizas. A los pocos años, el uso de sistemas de control biológico era ya dominante y, lo que es si cabe más importante, la producción se había recuperado.

La aplicación de estos métodos, analizada por el entomólogo Jan van der Blom, responsable de agroecología de la Asociación de Organizaciones de Productores de Frutas y Hortalizas de Andalucía, en un artículo publicado en 2017, nos cuenta una historia de agricultura sostenible. Una que habla de sostenibilidad medioambiental, pero también social y, sobre todo, económica.

 Nuestro mundo es, ante todo, un mundo agrícola. Salvo algunas excepciones, las sociedades que pueblan el planeta son una consecuencia directa de la invención de la agricultura. Sin ella, nuestra historia habría sido muy diferente. Hoy, la alimentación, el textil o el papel no pueden entenderse sin la agricultura. En 2022, el valor total de la producción agrícola mundial superó los 3.820 billones de dólares, según los datos del Banco Mundial. Esto es un 4,3% del Producto Interior Bruto (PIB) global.

En la mayoría de los países ricos occidentales, este porcentaje es menor. Sin embargo, en grandes potencias como China o países emergentes como Brasil el peso de la agricultura es bastante más elevado. En muchos países emergentes, la producción agrícola supone más del 30 % e incluso el 40 % de su riqueza.

 La agricultura es un elemento de desarrollo económico y un eje de articulación social. Sin embargo, tal como señala la FAO, este protagonismo no viene libre de costes. La agricultura y el uso de las tierras de cultivo es responsable de más del 20 % de las emisiones de gases de efecto invernadero y del consumo del 70 % de agua a nivel mundial. Un tercio de toda la producción agrícola global se desperdicia; y, a pesar del aumento constante del rendimiento de los cultivos, cerca de 700 millones de personas pasan hambre.

 Mientras la población mundial siga aumentando (a mediados de siglo se superarán los 9.000 millones de habitantes), la producción agrícola debe seguir creciendo. “La trayectoria actual de crecimiento de la producción es insostenible”, sostienen desde la FAO. Para la organización de la ONU, existen cinco retos para la sostenibilidad futura de la agricultura:

  • Frenar la degradación de la tierra y de los recursos naturales al tiempo que se reduce la inseguridad alimentaria.
  • Gestionar mejor los recursos ante un previsible aumento de la competencia.
  • Minimizar el impacto de la agricultura en el cambio climático y, al mismo tiempo, proteger la actividad de los impactos de este fenómeno global.
  • Mejorar el control de enfermedades y otras amenazas naturales ligadas a la globalización de la cadena de producción agrícola.
  • Reforzar las políticas de gestión de las tierras agrícolas para que integren la conservación de especies y espacios naturales.