Opinión

Héroes y Traidores

Gonzalo Escobar

gonzalo_escobar7@hotmail.com

Morir por una religión es más simple que vivirla con plenitud; batallar en Éfeso contra las fieras es menos duro (miles de mártires oscuros lo hicieron) que ser Pablo, siervo de Jesucristo; un acto es menos que todas las horas de un hombre. La batalla y la gloria son facilidades, más ardua que la empresa de Napoleón fue la de Raskolnikov” —Deutsches Requiem, Jorge Luis Borges.

Un acto es menos que todas las horas de un hombre. Y más importante que la traición de un solo hombre es el destino de una nación. Si una desgracia azota un país, la era deberá escoger a los hombres indicados que sepan tomar decisiones complicadas y acciones eficaces, y que tengan un espíritu patriótico que pueda guiarlos por la senda correcta, o de lo contrario el país seguirá caminando por la senda de la ruina. Es más difícil ser un héroe que un traidor.

Pero es más fácil embriagarse con la promesa de gloria y fortuna que el liderazgo que una batalla puede ofrecer, la promesa de una actuación heroica o romántica, sin haber pensado en la victoria; diferente es emplear el arte de la guerra, y evitar las batallas por completo, o terminarlas de la forma más fugaz y eficaz posible, sin reparo en la estética aparente, pero cuya gracia yace en la diligente discreción con la que se completa la acción.

Sí, es más fácil hacer como Macbeth, y conspirar para usurpar un reinado que aceptar lo que el destino nos depare; es más fácil ser un payaso, un títere de la historia, y ser presa de una bonanza pasajera en las finanzas internacionales, usar esa fortuna para vender a todos y a uno mismo la ilusión de una revolución ferviente pero desproyectada. Creer que se puede recrear la transición de una república a imperio, como lo hizo Roma, en este siglo XXI cuando la democracia ya está dada por sentado, una farsa explícitamente autoritaria, no puede triunfar.

El ser derrochador y aparente ha sido una actuación tosca y deslucida por parte de supuestos socialistas, que creyeron que vociferar ideales por más tiempo del que invertían en cumplirlos los convertía en figuras admirables, creíbles. Pero practicar ese espectáculo de apariencias les hizo olvidar el deber, así que se dedicaron a hacer cualquier cosa, cualquier brutalidad pública, burocrática, narcótica, mientras escupían una y otra vez los mismos discursos hasta que ni toda la propaganda del mundo podía maquillar sus tropiezos. La verdad, si con el disfraz de joven y prometedora mandas a los ricos a comer excremento, y por las mismas compras una mansión en la vecindad de la alta burguesía, o eres una genialidad cómica o eres una saga de espasmos neuronales con piernas, que probablemente no sea buena para la sociedad (o sí misma).

Y en un mundo que se la tira a cínico y materialista, como lo hace el nuestro hoy en día… tristemente… las palabras preciosas y esperanzadoras en una tarima ya no son tan efectivas, porque tenemos las redes sociales y la TV. Lo que habla más es la coherencia, y las acciones. Entonces propuestas elementales de inversión extranjera por un lado, o bromas de ultra-inversión estatal por otro, dejan que desear. Que se hable de los sectores productivos en concreto, que se demuestre conocimiento, se demuestre proyección. Yo no le creo ni a la derecha ni a la izquierda, yo quiero ver gente centrada.

La verdad que ser héroe es difícil. Algunos creen que ser presidente es cuestión justificable por el capricho y el dinero que tienen, y otros creen que es derecho divino. Eso es ser un traidor: una persona que está por su propia fama y fortuna, y sus acciones son desastrosas para el pueblo. Ser héroe es difícil, porque nadie nunca sabe quién es héroe hasta muchos años después, cuando la labor de sus acciones se hace aparente; y porque el héroe sabe que pocos le agradecerán.

Un pequeño estado casi que feudal tiene muchos traidores desfilando en liderazgo, pero por los márgenes tiene héroes que tratan de prorrumpir en el centro del marco, y por lapsos se les permite. Espero que lo segundo se vaya volviendo costumbre, para ver si mi país se empieza a parecer más sus vecinos que avanzan, mas no al resto de vecindad que se queda. Ya no quiero seguir televisando traidores de manera tan constante, preferiría relatos más moderados de héroes.

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