Opinión

HAY QUE INTERPRETAR SÍMBOLOS PARA ENTENDER LOS TIEMPOS

Orlando Amores Terán/ Quito

Así como en la actualidad la relativización de los valores, la vulgarización, la destrucción del lenguaje, la desinformación de las sociedades, es el caldo de cultivo en el que prospera la mediocridad, la indolencia cívica, el engaño, el cinismo, como el ejemplo a seguir, en lo político, artístico, cultural, profesional, por una población cada vez más inculta, apática, pero con mayor acceso a comunicación masiva, que por lo mismo, es susceptible de ser estupidizada, a la que se le hace creer que ejerce «derechos», a través de un «lenguaje inclusivo»; a la que se le engaña con «democracia», por votar por sujetos designados por los propietarios de los clubes electorales, o por el narcoterrorismo; a la que se le permite la confusión sexual, con todo sexo humano y animal, de indistinta edad; a la que se le autoriza por ley, el consumo de drogas, legitimando el microtráfico de narcóticos.

Estos son los símbolos de la decadencia global totalitarista actual, impulsados por grupos económicas poderosos a cuyos miembros les interesa una masa degradada, ignorante, susceptible de deformarla, dividirla, para más tarde esclavizarla.

En cuyo plan, el narcoterrorismo, autodenominado socialismo del s. XXI, juega un papel preponderante, como peón de las consignas políticas del global totalitarismo. Estos son sus lacayos, que instauran narco-Estados en los países donde logran penetrar su sistema jurídico, a través de Constituyentes, haciéndonos creer que aquello es «democracia»,  e imponen políticas aberrantes como el homosexualismo, la ideología de género, los supremacismos indígenas, ambientales, de DDHH, someten a la población a leyes diseñadas para favorecer el delito y proteger a los criminales, orientadas a destruir la familia y las naciones, desde adentro, apoyados por organismos internacionales de Naciones Unidas, que conspiran contra los principios para los que fueron creados en su origen.

Así, del mismo modo, que la violencia ejercida en Alemania, Austria y en la República Checa, sin una justificación evidente, el 9 de noviembre de 1938, denominada la «noche de los cristales rotos», fue la manifestación simbólica del advenimiento de un régimen antisemita. A mediados de la década del 70, todo hacía entrever en Ecuador que se orientaba a formar un Ejército disciplinado, altamente profesionalizado, de soldados especializados en las diversas tareas bélicas, burocratizados, apartándose de la formación individualizada de los militares guerreros, para quienes lo que prevalece son los grandes objetivos de la Patria: la libertad, la nacionalidad única, la irreductibilidad de su territorio, la preservación de su pueblo, su cultura y tradiciones, por encima de la «disciplina», el trámite burocrático y las formalidades políticas. Puesto que éstas, procuran subordinar el poder militar, al poder político, restándole autonomía, lo cual transforma al Ejército (fuerza pública), que es consustancial a todo Estado y por tanto, una institución de carácter permanente; en una institución de soldadesca obediente, sometida a la relatividad temporal del ejercicio político-electoral, efímero.

Fue un cambio imperceptible, que ha provocado una actitud de «civilidad», en los Ejércitos de aire, mar, tierra y en la Policía, en perjuicio del «guerrerismo militar», proclive a ser despectivo con el poder político.

Ello se manifiesta en el sometimiento a normas de DDHH y normas garantistas del concepto de democracia, construido por el narcoterrorismo internacional, que obligan a sus miembros, a anteponer los intereses particulares de delincuentes, terroristas, hampones, al interés general de la sociedad ecuatoriana, en los Ejércitos de aire, mar, tierra y en la Policía, en perjuicio de la familia, la sociedad y del Estado-nación.

El resultado fatal es lo que actualmente presenciamos a lo largo y ancho de América, los Ejércitos (fuerzas públicas), sometidos a una organización criminal narcoterrorista, autodenominada socialismo del s. XXI, a través de sus constituciones.

Situación de altísimo peligro geopolítico, de la que saldremos en el caso de Ecuador, únicamente cuando entendamos, el pueblo, los «líderes» y especialmente los servicios de inteligencia y el mando militar, que hay que desarmar con urgencia el andamiaje constitucional narco-comunista, instaurado en la Constituyente de 2008, como en Nuremberg se desarmó la organización criminal totalitaria nazi, responsable de la fatalidad en la noche de los cristales rotos.

Debemos desarmar el narcoestado y recuperar la Patria que construyeron los abuelos de nuestros tatarabuelos.