Opinión

Hacia fácil lo más difícil

Claudio Campos

claudiocampos142@hotmail.com

@claudioncampos

Pepe Suárez se hizo conocido por tener la costumbre de sentarse en el andén de la estación de trenes, masticar semillas de girasol y dibujar  todas las tardes en un pueblito llamado Empalme Villa Constitución a un grupo de jóvenes que jugaban al fútbol en un potrero que estaba frente a las vías.

El silencio cortante que imperaba en la zona solo era invadido por algún grito de gol o porque el convoy anunciaba su llegada; y así él mismo recuerda que fueron la mayoría de veranos en los años 70. Sus monótonas tardes un día cambiaron, porque luego de un crepúsculo cualquiera y sin darse cuenta observo con lupa a un mocoso de apenas 10 años al que nunca había visto y con mucho orgullo se atribuye el privilegio y el instante de haber contemplado cómo se las  ingenió en el área grande y con un tremendo olfato de goleador empujar la pelota entre las dos piedras que simulaban el arco y encima marcando el último gol gana.

Don Pepe comentó esta situación en una mateada con amigos del lugar y así cada día el andén fue el lugar preciso para que todos se acercaran a disfrutar  como aquel escuálido niño que ostentaba una cabellera larga y destacaba por tener la boca grande, se deleitaba correteando y siempre haciendo goles entre los adolescentes. En la atmosfera del poblado flotaba su nombre constantemente y lo comparaban con los inicios de otro jugador que ya en esa época jugaba en las inferiores de Newells y se llamaba Abel Balbo, que años más tarde fue seleccionado nacional.

El ojo clínico de aquel veterano no fallo,  porque nuestro agasajado también pudo debutar en el equipo “leproso” y como agregado especial haber jugado junto a Diego Maradona en aquel recordado equipo. De ahí en más el destino le tenía muchas sorpresas que quizás nunca imagino, como lograr ser uno de los goleadores históricos de la selección ecuatoriana con 15 tantos en la que debutó después de nacionalizarse en 1996 y donde es recordado con mucho cariño.

La mitad del mundo lo vio en la cresta de la ola futbolística y  le regaló la posibilidad de jugar en los tres grandes del país, siendo Campeón con Liga de Quito y goleador en Barcelona y Emelec, dato que carga con mucha suficiencia porque se lo ganó con sacrificio y mucha humildad. Lo más destacado de Ariel Graziani Lentini no era la belleza de sus movimientos, sino la de tener una habilidad única para hacer lo más difícil; goles.

Las opiniones vertidas en el medio son de responsabilidad del autor.