Ciencia

¿Hace el jarabe de maíz alto en fructosa que la gente tenga más hambre?

La fructosa, un tipo de azúcar hallado en una amplia variedad de alimentos y bebidas, podría fomentar que se coma en exceso, sugiere una investigación reciente.

ESTADOS UNIDOS. Quizá la forma de fructosa más conocida por los consumidores sea el jarabe de maíz alto en fructosa, que se añade hace mucho a los alimentos fabricados, desde los refrescos hasta las galletas.

La fructosa, que es distinta al azúcar conocido como glucosa (que es producida por la descomposición natural de los carbohidratos complejos), es también un azúcar “simple” y un componente natural de la fruta.

Pero “en una serie de estudios hemos encontrado que cuando se compara con la glucosa, el azúcar simple llamado fructosa suprime de forma más débil las áreas del cerebro que ayudan a controlar el apetito y la motivación de comer”, señaló la coautora del estudio, la Dra. Kathleen Page, profesora asistente de medicina clínica de la Facultad de Medicina Keck de la Universidad del Sur de California, en Los Ángeles.

Investigaciones anteriores han indicado que cuando se compara con el consumo de glucosa, ingerir fructosa provoca una liberación más baja de hormonas como la insulina, que originan una sensación de saciedad, según la información de respaldo del estudio. Investigaciones recientes también han sugerido que solo la glucosa, pero no la fructosa, controla el hambre al ralentizar la actividad de una región específica del cerebro, el hipotálamo, señalaron los investigadores.

El pequeño estudio reciente amplía ambos hallazgos. Más de dos terceras partes de los adultos estadounidenses tienen sobrepeso o son obesos, lo que los pone en riesgo de enfermedad cardiaca, diabetes tipo 2 y ciertos tipos de cáncer. Muchos expertos creen que los cambios en la producción alimentaria de EE. UU., entre ellos el uso generalizado del jarabe de maíz alto en fructosa, tienen la culpa.
En el trabajo actual, los investigadores contaron con 24 hombres y mujeres de 16 a 25 años de edad, que participaron en un ejercicio de hambre.

Se pidió a todos los participantes que consumieran una bebida endulzada con glucosa o fructosa. Se les pidió que vieran imágenes de varios alimentos, como chocolate y pastel, y que indicaran qué tanta hambre tenían. El ejercicio se llevó a cabo mientras los participantes estaban conectados a un escáner de imágenes de resonancia magnética funcional (IRMF) para rastrear la actividad cerebral en tiempo real en un centro de “recompensa” del cerebro conocido como el núcleo accumbens.
Los que consumieron la bebida con fructosa tuvieron más hambre, hallaron los autores. Al mismo tiempo, la mezcla con fructosa provocó una mayor actividad en la región objetivo del cerebro, lo que conllevó un mayor deseo de comer. (Internet/ La Nación)