Opinión

Gustavo Petro y el derecho a la vanidad

El pasado 17 de abril el presidente brasileño, Luiz Inácio Lula da Silva, aterrizó en Colombia para reunirse con su homólogo Gustavo Petro e inaugurar la feria del libro de Bogotá. La esposa de Lula, Janja, ofreció algunos detalles de la visita en sus redes sociales. “Comenzamos el día siendo recibidos en la Casa de Nariño, sede del Gobierno colombiano”, escribió en un mensaje de X en el que difundía también el vídeo de la llegada a la casa presidencial. Tras recorrer la alfombra roja, Petro los recibía en la puerta con traje, corbata y un complemento que ya llevaba semanas acaparando parte de la conversación política en el país andino. Una gorra. Concretamente, una gorra del Buque Escuela ARC Gloria de la Armada.

El misterio de la cachucha, como se llama esta prenda en Colombia, no solo fue la comidilla durante semanas, sino que generó un debate sobre los límites de la intimidad de un cargo público y el derecho a la vanidad. ¿Por qué Petro no se la quitaba nunca? También Lula, para no desentonar en las fotos oficiales de su anfitrión, se hizo con una oficial de la Presidencia.

“Me manda un oyente varias fotos del presidente con cachucha, y pregunta si es que tiene algún problema de salud, si está en algún tratamiento, si es algo capilar, pero sí es raro que el presidente ande de cachucha últimamente”, comentó el periodista Gustavo Gómez Córdoba, director y presentador de Hoy por Hoy en Caracol Radio, el pasado 4 de abril. El mismo día, el editor general de la misma cadena, Jorge Espinosa, alimentó la tesis del tratamiento capilar. “El implante de pelo es un derecho que debería ser constitucional. Lo digo yo, que soy calvo. Y necesita… pues cachucha”, indicó en referencia a la necesidad de proteger los folículos capilares durante un tiempo.

La primera vez que la gorra del mandatario de izquierdas, que vive en permanente disputa con la oposición, despertó comentarios fue durante la toma de posesión de la magistrada Gloria Gómez del Consejo de Estado. Después, se la puso en todo tipo de eventos públicos. La Casa de Nariño y el entorno del presidente declinaron dar explicaciones, lo que lejos de frenar las especulaciones las magnificó. “Espinosa lo dijo hace varios días y como de costumbre acertó: el presidente se hizo implantes de pelo y a eso se debe la calvicie, según confirma Nestor Morales [periodista de Blu Radio] de fuentes de la Casa de Nariño”, escribió la abogada y columnista Cristina Carrizosa.

Por supuesto, no faltaron los ataques de los adversarios. La senadora María Fernanda Cabal, una de las políticas de extrema derecha más activas de Colombia, hasta elaboró una improbable teoría sobre la santería. Según recoge un vídeo ampliamente difundido en redes, la dirigente uribista afirma: “Se fue a Cuba de Semana Santa. Deberíamos averiguar… A través de la santería que él practica, como hizo Chávez, como hace Maduro, se rapó el pelo y dice que tiene que estar tres meses sin pelo, como un rito”.

La semana pasada, se resolvió el enigma, confirmando la teoría más normal. Petro acudió sin cachucha al acto de posesión del nuevo canciller, Luis Gilberto Murillo. Era la primera vez en dos meses que se la quitaba en público. Su pelo se apreciaba distinto, aunque todavía no tan poblado. Tanto es así que el humorista y escritor Daniel Samper Ospina no tuvo compasión con el resultado: “Como presidente de la ONG #CalvosSinFronteras, y a la luz de los videos y las fotografías conocidas en el día de hoy, considero que después de sus implantes el señor presidente sigue siendo uno de los nuestros”. Bromas aparte, Colombia normalizó un debate que va más allá de los debates capilares. Esto es, que cada cual haga con su pelo y con su imagen lo que desee.

 

 

 

| EL PAÍS (elpais.com)