Opinión

GUAYAQUIL Y SUS PULMONES HERIDOS

MSc. Brenda Mendoza Pimentel
FORO AGROPECUARIO ECUATORIANO

 

Esta hermosa ciudad, una urbe de asfalto y calor intenso, necesita desesperadamente de sus parques y áreas verdes para mitigar el impacto del cambio climático. Sin embargo, la gestión actual de estos espacios evidencia un descuido alarmante. Lejos de ser refugios ecológicos funcionales, las zonas verdes de la ciudad sufren las consecuencias de una administración deficiente y de intervenciones que, en lugar de proteger la naturaleza, la destruyen gradualmente. El problema más visible y doloroso es la recurrente mala práctica en la poda de árboles.

En calles y avenidas principales, es común observar mutilaciones severas camufladas bajo el nombre de «mantenimiento». Se realizan cortes excesivos, desbalanceados y fuera de época, lo que debilita la estructura del árbol, lo expone a plagas mortales y, a menudo, provoca su caída durante la temporada de lluvias. Esta agresión sistemática responde de forma directa a una falta absoluta de capacitación en el personal operativo.

Quienes ejecutan estas tareas carecen de conocimientos básicos en arboricultura urbana; operan herramientas pesadas sin entender la fisiología vegetal, tratando a los seres vivos de la ciudad como si fueran simples postes de cemento.

Detrás de la motosierra se esconde el verdadero causante: el quemeimportismo crónico de las autoridades ambientales. El Municipio de Guayaquil y sus direcciones pertinentes parecen ignorar las denuncias ciudadanas y los llamados de los colectivos ecologistas.

No existen auditorías serias, ni planes técnicos a largo plazo, ni una fiscalización real a las empresas contratistas. Para los funcionarios, la vegetación urbana parece ser un gasto estético secundario y no una infraestructura de salud pública vital.

Guayaquil no puede seguir perdiendo su sombra. Urge que las autoridades asuman su rol con responsabilidad, profesionalicen a las cuadrillas de mantenimiento y dejen a un lado la indolencia para devolverle a la ciudadanía el derecho a respirar en una ciudad verdaderamente verde.