Opinión

Guayaquil futurista

Lic. Denisse Casalí L.

denissecasali@gmail.com

@denissitacl

Las nuevas ideas que se plantean en la prensa y la búsqueda permanente por invertir en nuevos medios de trasportes en la ciudad (Guayaquil) se está diversificando cada vez con más fuerza. A veces pienso que no estamos tan lejos de presenciar el día en donde los buses y taxis vuelen sobre nuestras cabezas al estilo de los supersónicos o alguna saga de “Viaje al futuro”

La última de las ideas ha sido un sistema de transporte aero-suspendido que se implementará entre Durán, Samborondón y Guayaquil. Solo el estudio para evaluar la factibilidad de este proyecto genera un gasto aproximado de medio millón de dólares, y si las cosas salen bien, no queremos imaginar la cifra de locura que significará este plan. Por ahí leí también que buscamos tener un teleférico en la urbe, que genere turismo y combata el colapso vial que vivimos los guayaquileños a diario por el exceso de vehículos y transporte público en nuestras calles.

Pues bien, me pregunto a veces si como ciudad estamos preparados para dar pasos tan de países del primer mundo con visiones futuristas; no sé si es porque pensamos que este tipo de proyectos nos irán moldeando hasta el punto de simular ser mejores frente a otros en el exterior, aún cuando no hemos solucionado ciertos desajustes internos culturales de nuestra sociedad.

No me malinterpreten pero creo que primero deberíamos evaluar si nuestros ciudadanos realmente se encuentran dispuestos a utilizar este medio de transporte –tal vez- con las mismas posibilidades de asaltos, robos e inseguridades que cualquier otro bus de la ciudad, cosa que aún no hemos logrado superar. Conocer con antelación si se planea construir estos buses aero-suspendidos de color rosa para evitar a tiempo que las mujeres se sientan acosadas, ultrajadas u ofendidas, denunciando atrocidades vividas en la actualidad en otros medios de transporte.

¿Qué pasará con los ancianos, las mujeres embarazadas, los estudiantes o personas que presenten discapacidad?, ¿Seremos igual de “corteses” y “respetuosos” que hasta ahora?, ¿Acaso el lujo de estos buses nos atribuirá educación automáticamente y ahora sí actuaremos con sincera solidaridad por el prójimo?, ¿Entraremos a empujones a un teleférico (porque donde entran cuatro entran ocho) victimas del descontrol y la irresponsabilidad de quien lo opere, o peor aun asustados porque el vivo de siempre quiera aprovecharse del turista? ¿Botaremos desde las alturas basura a las calles sin pensar que en una ciudad sucia no habrá bus mágico que la haga atractivamente bonita?

Si no estamos dispuestos a superar ciertas fallas mecánicas que aún se deben calibrar en nuestra sociedad, en nuestra cultura y educación ¿Cómo podemos pensar en tener un sistema de transporte tan pomposo? ¿Cómo es que invertimos en equipos tan costosos si aun no hemos transformado nuestro capital humano? ¿De qué forma queremos mejorar el sector turístico implementando estos “nuevos atractivos” cuando aún tenemos tantas falencias en servicio e infraestructura? Están pensando en general dejando por fuera problemas más específicos.
Sólo cuando optimicemos nuestro sistema educativo -en casa y escuela-, será cuando comencemos a tener una ciudad con mente abierta al futuro con ciudadanos preparados de forma integral que cuiden y protejan su patrimonio a consciencia.

Pero bueno, ¡Bien por el medio ambiente!

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