Ciencia

Futuro sin conductor

Después de un siglo en Detroit, las grandes marcas del motor se mudan a Silicon Valley.

EEUU. Hubo un tiempo en que San Francisco estaba sembrado de coches. La calle Van Ness era una hilera de talleres y concesionarios. En el número 1.000, un edificio de cinco plantas servía de concesionario de la Chevrolet. Cada vehículo se exhibía en una sala distinta, con azulejos y artesonado, incluso con una fuente, simulando una mezcla de Alhambra y patio andaluz. Era a comienzos del siglo XX, había dinero. Hoy, en ese mismo edificio se alza un cine multisala con los últimos estrenos. Tan solo el oso de la entrada y el emblema de la firma delatan su pasado.

Mission, el barrio fundacional y cuna de los latinos, se ha reinventado como el cotizado refugio para los trabajadores de las grandes empresas tecnológicas. Aquí Ford creó su planta de ensamblaje en 1913. En Detroit, cuna del vehículo a motor, se dieron cuenta de que la demanda desde el Oeste era alta y no merecía la pena trasladar los coches, sino ensamblarlos allí.

Con el despertar del coche japonés y el ocaso de Detroit, las fábricas del Oeste de Estados Unidos fueron cerrando poco a poco. Toyota y Honda llevaban sus creaciones en barco hasta Los Ángeles. Los precios eran competitivos, los diseños rompedores y el consumo, más ajustado.

Hoy es Tesla la firma que marca el paso. Ocupa una antigua fábrica de Chevrolet en Fremont, en el lado Este de la Bahía de San Francisco. Pero su sede central y los laboratorios están en Palo Alto, junto a las startups de alto rango y la Universidad de Stanford. Esta compañía ha puesto de moda otra vez la tecnología punta en el coche. Su fundador es una leyenda viva en la zona, se le considera el sucesor de Steve Jobs por su capacidad para ilusionar y cambiar productos conocidos.

Elon Musk (Pretoria, Sudáfrica, 1971) lleva tiempo innovando. Cofundador de Paypal, vendió a eBay en 2002 para seguir creando. También ha coqueteado con la industria aeroespacial. Es lo que se llama un emprendedor en serie. En 2007 se le reconoció como emprendedor del año, demasiado prematuro si se tiene en cuenta lo que vino después.

Tesla, la creación de Musk, ha hecho realidad lo que todos los ingenieros de Michigan no pudieron: un coche que no usa combustible, con 600 kilómetros de autonomía. Una carga de 20 minutos permite más de 200 kilómetros. El coste de recarga no llega a 22 euros, la mitad que un depósito de gasolina, incluso ahora que ha bajado de precio.

No sería justo dejar de lado a Toyota, cuyo modelo Prius es el primer híbrido superventas. O a Nissan, con su Leaf, en la misma línea. El propio nombre es un guiño ecologista: significa hoja. La cuestión es que no se trata solo de hacer un coche más verde, sino también más inteligente y autónomo. (Internet/La Nación)