Opinión

Francisco en Guayaquil

Luis Hidalgo Vernaza

luishidalgov@gye.satnet.net

La visita de Francisco al Ecuador cubrió todas las expectativas que los ecuatorianos estaban esperando. Es posible que la concurrencia al Parque de los Samanes no fuera lo que se esperaba, pero esto en gran parte se debió al clima inclemente que esta soportando la ciudad. Los pronósticos del tiempo para variar no se dieron, se habían anunciado días nublados, pero lo único nublado es la mente de algunos personajes, como fue el no tener la más minima idea de lo que es el protocolo ante una visita como la del Papa. No se podía esperar mucho en este sentido.

Desde la llegada al aeropuerto de Quito ya se pudo observar cierto movimiento nada usual. Faltaron las formalidades que se deben tener ante una visita papal. No era Francisco el Jefe de Estado el que arribaba, era el sucesor de Pedro en un viaje pastoral; de ahí que no se dieran las consabidas salvas a su arribo, como tampoco el pasar revista a las tropas. Pero no se puede romper el protocolo subiendo al avión no bien se abre la portezuela, ya que eso no se estila. ¿Protagonismo o falta de conocimiento?, menos averigua Dios y ‘perdona’.

El discurso del Presidente que duro como 12 minutos, nada tuvo que ver con un saludo de bienvenida, muchas personas lo calificaron como político, nada que ver con lo que es la tradición; no obstante que se dice que las tradiciones son cosas del pasado, por lo menos en este país, al punto que al Papa ya no se lo saluda con la reverencia y el respeto que se debe, sino con abraso y besos, que decir de la vestimenta.

El Papa un hombre fogueado no solo en cuestiones políticas sino también protocolarias, principalmente cuando estas deben cumplirse, aun siendo muy dado a romper el protocolo y su seguridad personal, dio una respuesta formal y directa:

“Le agradezco su consonancia con mi pensamiento. Me ha citado demasiado”. Su agradecimiento no duró más de 5 minutos. Al buen entendedor pocas palabras. Mucha publicidad anunciaba sus citas, algunas de ellas distorsionadas.

El recibimiento en Guayaquil estuvo otra vez matizado por ciertas irregularidades en lo protocolario. Una vez más personajes del gobierno ocuparon el primer plano tratando de no permitir que las autoridades de la ciudad le den el saludo que el visitante merecía. El arribo a la base aérea de la ciudad, lamentablemente tuvo el toque político. La entrega de las llaves de la ciudad por parte del Alcalde Nebot, fue un acto poco apreciado por la ciudadanía; los medios no pudieron cubrir como se debía. Estrategia previamente establecida, ¿quién sabe? Se impidió que el Alcalde tenga algún protagonismo.

La visita al Santuario del Señor de la Misericordia, fue corta, pero las personas lo pudieron apreciar y palpar su forma sencilla de ver y hacer las cosas. El recorrido tanto de ida como de regreso para dirigirse a Los Samanes, lo efectúo igual que cuando llegó a Quito en un vehículo sencillo – cerrado-, no obstante el hecho de ir con la ventana baja, facilitó a las personas que estaban apostadas al borde de las vías apreciarlo y recibir su saludo.

En Los Samanes, el sol inclemente les jugó una muy mala pasada a quienes concurrieron a la misa campal, pero las personas se las ingeniaron para ver el acto religioso. El Alcalde Nebot trató de pasar desapercibido pero la multitud le expresó su simpatía.

El Papa dedicó su mensaje a la familia: “Esta debe ser ayudada y potenciada, para no perder nunca el justo sentido de los servicios que la sociedad presta a los ciudadanos”. “El mejo vino esta por venir, aunque todas las estadísticas y variables digan lo contrario”.

Se retiró de nuestra ciudad luego de ir al Colegio Javier para visista a su amigo Paquito y almorzar con sus colegas jesuitas.

El mensaje del Papa tanto en Guayaquil como en lo posterior en Quito, deja grandes interpretaciones. Sus palabras deberán ser recibidas de diversas formas. Al igual que Jesús en muchos casos habló utilizando ejemplos o parábolas que con seguridad tratarán de ser malinterpretadas por unos y concebidas o entendendidas por otros.

Con la conclusión de la visita papal, recién el Ecuador empezará a evaluar el aporte que tuvo en el pueblo y en los gobernantes. Es probable que nada cambie desde el punto de vista político, pero su mensaje quedará en la mente y corazón de los ecuatorianos y eso ya es muchísimo.

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