Opinión

FRANCISCO CASTRO CID

Silvio Devoto Passano

sidepaderby@hotmail.com

La llamada telefónica de un común amigo causó en mi un impacto emocional que aún hoy me causa un enorme pesar, había fallecido en su Santiago querido Francisco Castro Cid, profesional hípico chileno que destacaba  por la bondad de su trabajo durante casi 6 décadas, en los principales centros hípicos de su país natal.  Fue en Colombia y Ecuador donde inició su carrera como preparador de caballos. Los sobrevivientes de aquella era gloriosa del “Santa Cecilia” y “Costa Azul”, recordamos con gran emoción la llegada al país de un grupo de jóvenes trabajadores de la hípica chilena, jinetes aprendices y aspirantes a entrenadores que como buenos chilenos presentes  en todas las hípicas del orbe, buscaban abrirse paso, hacerse un nombre en la hípica ecuatoriana, paso previo a su retorno a Chile. Los primeros como jinetes profesionales y los segundos en pos de su licencia de prepararse para trabajar en cualquier hípica del mundo, gracias a la experiencia adquirida en un medio todavía algo artesanal y falto de medios que los obligaba ha agudizar el ingenio y adquirir nuevos conocimientos en la materia.

Pancho Castro  destacó de entrada en nuestro medio, las cuadras de don Marcial Romero Palomo, Mendocino y Cuyano del licenciado Jaime Nebot Velasco “La Puntilla” y de los señores Coello Gellibert y Coello Coello  que siempre fueron manejadas con extraordinaria sapiensa y absoluta honestidad alcanzado numerosas victorias en carreras clásicas y ordinarias que merecieron elogiosos comentarios de la entonces bien nutrida  y capacitada prensa hípica, más el respeto y cariño de la entendida afición porteña que seguía a sus preparados con absoluta fidelidad.

Haribal, Teseo, Pompática, Don Vila, Toska, Foloska, Minoska, Turandot, Ulises y tantos otros grandes corredores que llenaron páginas de elogiosos comentarios y vitrinas de sus respectivas cuadras con los trofeos alcanzados en los más importantes eventos clásicos.  Pero más allá de los triunfos logrados en una campaña de excepción en nuestros hipódromos Chile y Valparaíso, de su país  natal Chile y del éxito logrado en Hipoandes a mediados de los años ochenta.  Debemos anotar su bien ganado cariño por sus dotes de caballero y hombría de bien que lo tienen firmemente incrustado en el corazón quienes tuvimos la fortuna de conocerlo y tratarlos.

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