Opinión

Foro Agropecuario Ecuatoriano

Gonzalo Escobar V./ EE.UU

Gaev67@gmail.com

Hace 20 años, en Ecuador, un exministro de agricultura y varios profesionales del sector agropecuario se juntaron para fundar el Foro Agropecuario Ecuatoriano. Una iniciativa cívica, informal con el propósito de unir a científicos, académicos, expertos, obreros y comerciantes vinculados al desarrollo del sustento social: la alimentación.

La agricultura, por supuesto, comprende más que solo plantas o sembríos. Clima, ciclos naturales, plagas, modos y vías de transportación, maquinaria, química, ciencias, cielo, mar y tierra; la civilización humana empezó con la agricultura y se sostiene por la agricultura.

La industrialización primero, la globalización ahora, tiene un gran defecto: aglomerar poblaciones en ciudades y descuidar el campo. Campo que, sin suficientes manos y sin una realidad tecnológica capaz de reemplazar la labor humana, se vuelve fuente de problemas en lugar de frutos.

Aquel exministro, el ing. Agr. Pablo Rizzo, junto a otros representantes del sector como el ing. Ángel Fienco, bien pensaron en sentar otra base que algún día pudiere ser plataforma para actuar en defensa de un valor y necesidad fundamental para el desarrollo nacional.

La pandemia del COVID sumió en crisis al mundo; muchos perdieron sus trabajos y quedaron enclaustrados en casa. Los hospitales eran los únicos puntos activos de las ciudades. Afuera, el campo tampoco descansó; sería imposible, habría sido el fin de todo. Cuando terminó el confinamiento, fue necesario reactivar el Foro Agropecuario, en un inicio de forma virtual, y luego presencial, actualizando su rol, sus funciones y participantes, para buscar soluciones a los problemas nacidos y que se arrastraban desde antes. Ecuador pasó por varias crisis: 6 paros arroceros, 3 bananeros, y diferentes problemáticas en seguridad y soberanía alimentaria y exportación. En un país en exceso fértil, incluso hubo desnutrición.

Hoy, el presidente del Foro Agropecuario es el ing. Agr. Mauro Erazo, a su vez presidente de ASOINAGRE (Asociación de Ingenieros Agrónomos Ecuatorianos); ing. Agr. Ángel Fienco secretario y quien antes tuvo la dignidad de ser vicepresidente de la Asociación de Ingenieros Agrónomos de América. Junto a ellos actúan exministros de agricultura, expresidentes y vicepresidentes de la república, rectores y científicos académicos -no solo de universidades, también de colegios agropecuarios, vitales para el campo; y también hacendados, labradores; el campesinado lo encaran intelectuales, comerciantes y labradores.

Los últimos cuadros del INEC dicen que la mayor fuente de empleo en Ecuador es la agricultura (29.9%). El sector necesita atención inmediata, pues su bienestar no solo significa crecimiento económico, sino que a la par combate las migraciones y frena actividades ilegales a punta de labrado.

El Foro Agropecuario ha planteado al gobierno nacional la formación de un consejo científico agropecuario y el país cuenta con doctores de enorme talento e intelecto que han afilado sus conocimientos en extranjero. El Dr. Ángel Llerena, nominado al premio Nobel de Fisiología y Medicina por su invención de agua ozonificada para combatir la sigatoka negra, en lugar del uso de fungicidas es uno de ellos. Los ingenieros agrónomos como el Dr. Víctor Hugo Quimí, Dr. David Robles, Dr. Mariano Montaño o Dr. Fernando Caicedo, por dar solo unos nombres, tienen una vasta experiencia y conocimiento del uso y optimización de la tierra.

Tenemos las mentes, nos falta la voluntad para llevar los conocimientos y talentos a realidades. La juventud nacional, así como extranjeras, están enajenadas del campo por tendencias modernas, sin caer en cuenta el privilegio que es labrar la tierra, algo sagrado y alabado por científicos y poetas en la historia. Nunca será lo mismo una oficina que prados y sembríos, árboles, montañas y mares al horizonte. Por esto, es necesario volver la mirada al campo.