Opinión

Falta de control y ordenamiento

Antonio Aguirre M.

antonioxaguirre@gmail.com

Estos dos últimos meses se nota un aumento considerable de ” franeleros “, amos y señores de las principales calles y avenidas de la ciudad que chantajeando, amenazando y extorsionando continúan vejando a los propietarios de vehículos así sea una dama.

Antes se conformaban con recibir $ 0.50 o $ 1.00 ahora la tarifa la subieron al doble, alguna autoridad los autorizo para que usen un chaleco reflectivo que con el uso ya se encuentran rotos y descoloridos, esa conquista es considerada por los estruchantes de los parqueos  como una conquista que los convirtió en autoridades de la vía pública, con derecho a ordenar a donde y como parquearse, luego cobrar la tarifa que les da la gana.

En varios puntos de la ciudad aprovechando el transito fluido, se instalan malabaristas, payasos, bailarines, gimnastas, mimos y otros personajes que interrumpen el libre tráfico de vehículos y personas, muchas veces son acompañados de discapacitados y minusválidos que atraviesan sus carretillas pidiendo caridad. En el caso de los cirqueros casi su totalidad son extranjeros posiblemente sin identificación válida, que queriendo mostrar sus habilidades hacen su modo vivendi. En el segundo caso también se presentan avivados simulando discapacidades.

Recuerdo que hace muchos años existía una institución “Asistencia Pública” que se encargaba de recoger a todo tipo de indigentes y enfermos para asearlos y prepararlos en actividades productivas.

Por otra parte los lustradores de calzado también elevaron su tarifa duplicándola a $ 1.00.

Los abejorros zumbadores motociclistas siguen haciendo de las suyas, convirtiendo las calles y avenidas en pistas de competencia, por lo general viajan con acompañantes bien dotados de la consabida mochila, que en algunos casos contienen armas o drogas, además, muchas circulan sin la respectiva matrícula, nunca se supo por que no se prohibió el trasporte de acompañante.

La autoridad que le corresponda, ya debe afrontar la responsabilidad de controlarlos, ponerlos en orden o buscarles un nuevo oficio.

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