Opinión

El eterno encanto de los pueblos antioqueños

Santa Fe de Antioquia, Jardín y Jericó encantan por su historia, paisajes y casas pintorescas.

Las mágicas noches estrelladas que se observan desde terrazas de cafés y restaurantes, así como la riqueza en historia, cultura y naturaleza, identifican a los tres pueblos más bellos de Antioquia. Sus flores, cascadas, ríos y pintorescas casas resaltan con el verde oscuro de las montañas que los envuelven.

Se trata de Santa Fe de Antioquia, Jardín y Jericó, tres de los 17 pueblos del país que integran la Red Turística de Pueblos Patrimonio de Colombia.

En lo literario, los une el escritor y cineasta Manuel Mejía Vallejo, que nació en Jericó, creció en Jardín y su obra cumbre: Casa de las dos palmas, se grabó para televisión en Santa Fe de Antioquia. Y en lo religioso, los enlaza la santa madre Laura, que nació en Jericó, pasó por Jardín, donde emprendió el viaje al resguardo indígena de Guapá, y vivió en Santa Fe, donde hizo el noviciado y compartió con la comunidad.

Para conocer estas experiencias no se pierda la ruta antioqueña patrimonial, llena de lugares mágicos, religión, color, gastronomía y música colombiana, que además representa la verdadera cultura paisa con sombrero, carriel y poncho.

La aventura de esta ruta patrimonial empieza en Santa Fe de Antioquia, conocida como la ‘cuna de la raza paisa’ y la Ciudad Madre. Sus calles empedradas; grandes casonas, que sobresalen por sus altos portones de madera, impactantes pasillos ajedrezados y paredes laminadas en oro se conservan intactas, tras 476 años de historia transportan a los visitantes a la época colonial.

Es imperdible el recorrido por sus antiguas calles y cuatro iglesias del centro histórico, construidas en los siglos XVIII y XIX. Sus detalles con estilo barroco y neoclásico hacen que los turistas se detengan para valorar su belleza. La joya es la iglesia de Santa Bárbara, el templo más antiguo de Antioquia, construido por los jesuitas en piedra y ladrillo, en 1728.

La temperatura alcanza 30 grados, el sol está radiante y se refleja en las estrechas calles. Cada rincón es una postal, un museo al aire libre.

Las casonas donde funcionan restaurantes no pierden su originalidad con el paso de los años, ofrecen tradicionales bandejas paisas y sancochos de gallina, así como el típico jugo de tamarindo; sopas, huevos y postres de bienmesabe, una fruta ancestral de la región.

A cinco kilómetros del centro histórico está el imponente puente de Occidente sobre el río Cauca, construido por José María Villa, entre 1889 y 1895. Con 291 metros de longitud, fue el puente colgante más largo de Latinoamérica en el siglo XIX.

Después de disfrutar de la Ciudad Madre, el viaje continúa en Jardín, un pueblo que impacta por sus paisajes naturales, cascadas, cerros tutelares y fachadas vestidas de colores y flores. De todos sus rincones se observa la imponente basílica menor Inmaculada Concepción, una joya digna de conocer por su estilo gótico, hecha en piedra labrada por artesanos de la región.

La plaza central, conocida como la plaza más linda de Antioquia, refleja la arquitectura de la colonización antioqueña, con casas altas, que trataban de alcanzar la altura de las naves laterales de la basílica porque en esa época, mientras más altas estuvieran representaban mayor poder económico. Fueron construidas hace más de 100 años.

Uno de los espectáculos naturales más hermosos se ve en la reserva natural Jardín de Roca, donde se aprecia el elegante vuelo de los gallitos de roca, aves de plumaje rojo o naranja brillante, mezclado con negro, y con un peculiar copete. Todas las madrugadas llegan hasta 40 pájaros para competir por las hembras y aparearse con ellas, emprenden una danza de cortejo, exhiben su hermoso plumaje y emiten un canto muy bonito.

No se vaya de Jardín sin probar un café especial con almendras, reconocido por ser aromático y excelso, tampoco deje de ir a la casa de Los Dulces, donde encuentra el arequipe de arracacha y postres con pétalos de rosas.

El recorrido patrimonial concluye en Jericó, también conocido como la Atenas del Suroeste, que enamora e invita a quedarse por sus increíbles paisajes, clima fresco, gastronomía y la calidez de su gente.

Empiece a conocer este municipio en el cerro El Salvador, para disfrutar de una hermosa panorámica y visitar al Cristo Rey. Desde allí se aprecian casas coloridas, grandes extensiones de cultivo de café y calles prehispánicas, habitadas en el pasado por emberás chamí. Este cerro se conecta con el jardín botánico, lleno de árboles, flores y aves, rodeados de puentes de madera sobre grandes lagos para detenerse a mirar su belleza o tomarse una foto. El jardín desemboca en calles adoquinadas que contrastan con el arcoíris y balcones llenos de flores.

Llama la atención que las luminarias en Jericó son hacia abajo, para que no interfieran con el paisaje nocturno y la gente pueda apreciar las estrellas y la luna desde la terraza de un restaurante, con un buen vino, una tabla de quesos y carne madurada.

Uno de los sitios más visitados de Jericó es la casa natal de la santa colombiana, un lugar emblemático que recibe hasta 1.000 personas en un día. Allí está la historia de la vida de la madre Laura, hay fotografías, libros y una reliquia de la santa, también está la pila bautismal, donde recibió su nombre.

Llévese una de las imágenes más hermosas. Visite Las Nubes, un bosque de 4.200 hectáreas que impresiona porque se aprecia el páramo del Sol de Urrao, los cerros Tusa y Bravo, el cañón del río Cauca, siete municipios de Antioquia, el nevado del Ruiz y el páramo de Sonsón. Los pobladores de Jericó dicen que es uno de los lugares más increíbles del mundo para volar en parapente.

El Tiempo