Opinión

Esterilizaciones masivas en India

Nicole Osuna

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@nicoleeosuna

Esta semana el diario estadounidense, The New York Times, sacó una noticia en su portada nacional sobre una situación muy alarmante, las esterilizaciones masivas realizadas a mujeres de baja clase social y bajos recursos económicos en India.

La fotografía que acompañaba a la nota fue lo primero que llamó mi atención, un grupo de mujeres en vestidos coloridos haciendo fila en lo que parecía un edificio venido a menos. A lo que leía el texto, no podía dejar de pensar en cómo es posible que algo así de grave ocurra en alguna parte del mundo sin que uno tenga la menor idea de ello.

La realidad es que si no fuera porque la historia llegó a la portada de uno de los diarios más influyentes de Estados Unidos fijándolo en la “agenda” de la opinión pública, los ciudadanos comunes, incluyéndome, no se habrían enterado de ello.

La esterilización femenina, a través de un proceso mediante el cual las trompas de Falopio son cortadas y atadas a través de una perforación en el abdomen para evitar la concepción, es el método predominante para evitar embarazos no deseados en India. Las condiciones de las intervenciones son absolutamente inhumanas sin las más mínimas medidas de higiene y seguridad para las pacientes.

De hecho, en noviembre de 2014, al menos 15 mujeres fallecieron en un campo de esterilización debido a las condiciones insalubres y ausencia de medidas de seguridad en las operaciones por parte del personal médico.

Las pacientes son predominantemente mujeres de escasos recursos pertenecientes a castas sociales bajas de la sociedad. Un gran porcentaje de ellas se somete al procedimiento sin saber que después de él, le será imposible concebir de nuevo. Otras acceden a realizarse la cirugía por el pago que se ofrece por ella, el cual puede variar de aproximadamente $10 a $17; una cifra que puede equivaler el salario de una semana de una familia pobre.

No obstante, no solo las pacientes reciben dicho incentivo sino también los médicos y enfermeras quienes reciben una especie de “bonus” por cuantas más operaciones lleven a cabo. También, en ocasiones los doctores reciben un “extra” por utilizar medicina contra el dolor más económica y, por ende, menos fuerte.

La esterilización femenina ha sido elegida por el gobierno de India como el mejor método para controlar una población que no cesa de crecer de manera desproporcionada. De hecho, el país lleva décadas tratando de controlar el crecimiento poblacional sin mucho éxito. En los 70’s, las autoridades optaron por esterilizaciones masivas en hombres como medida de control.

No obstante, la carga ahora reside prácticamente de forma exclusiva en las mujeres, usualmente de áreas rurales. Muchos atribuyen esta decisión del gobierno de India a motivos culturales al relacionar la esterilización masculina con “falta de hombría” o signo de “debilidad” de algún tipo mientras que en las mujeres se percibe como algo “natural”.

El tema en cuestión posee muchos más matices y conlleva una serie de implicaciones que exceden el espacio de este texto. Sin embargo, situaciones como la antes discutida deben estar en la “agenda” de todo ciudadano, al implicar serias violaciones de derechos humanos, los cuales nos conciernen a todos. Por ello, es necesario aplaudir la decisión del New York Times por llamar la atención hacia temas como estos, que difícilmente verían la luz sin el empujón de los medios internacionales.

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