Opinión

Estamos en emergencia, no pensarlo es irresponsable

Por:  Armando Martini/Venezuela

No hay que presumir de analista político, era evidente que el usurpador haría lo indecible para mantenerse aferrado al poder. Tampoco fue sorpresa, que lograse seducir a sus opositores complacientes, a cualquier propuesta mediadora que deseosos anhelaban y aceptaron jubilosos. En Venezuela siempre se saben las cosas. Lo vistieron de pre-diálogo en el que no se vieron las caras, pero ambos expresaron pareceres, semántica palurda, maniobra simplona para engañar pendejos. Quienes aconsejan al presidente encargado, lo han llevado a cometer errores, pero el mayor: acudir a Noruega y aceptar la mediación. Al irse corriendo a Oslo con el régimen tiránico la oposición oficial demostró clara desventaja.

De acuerdos, diálogos y conversaciones está desbordada la historia. Algunos han sido fracasos estruendosos, como aquél timorato y poco calibrado entre Arthur Chamberlain político conservador británico, primer ministro del Reino Unido entre el 28 de mayo 1937 y el 10 de mayo 1940. Célebre por su política de apaciguamiento con respecto a la Alemania nazi y el asesino déspota populista alemán Adolf Hitler, que permitió la II Guerra Mundial, millones de muertos y una historia cambiada de raíz; o las larguísimas conversaciones entre coreanos y estadounidenses que llevó a un armisticio, pero dejó a Corea dividida en dos países, una tiranía feroz ejemplo de represión al norte, y una de las democracias más exitosas del mundo al sur.

De triste recuerdo aquella farsa bufa, engañosa y burlesca Mesa de Negociación y Acuerdos (2002-2003) con facilitación de la OEA y Centro Carter, que se esmeró cuidar en detalle la permanencia del castro chavismo hasta nuestros días. Sin olvidar los ridículos e improvisados diálogos de 2014, 2016 y 2017 en República Dominicana, oxigenando la dictadura, permitiendo injusticias y atrocidades que hoy padecemos.

Más reciente, el cacareado Acuerdo de Paz en Colombia, apadrinado por el castrismo cubano venezolano, la infaltable Noruega de socialismo izquierdoso y petróleo. Es un buen ejemplo de la forma de actuar. Se implantó una Justicia Especial para la Paz que ahora ampara actividades ilegales y narcotráfico; molestó al mundo, premió con perdones jugosos, dignidades parlamentarias y convirtió sectores del territorio venezolano, -en complicidad castro madurista-, espacio para subversivos, secuestradores, expoliadores y asesinos. Dato curioso, los noruegos cancelaron honorarios del negociador de la guerrilla colombiana, Enrique Santiago -hoy secretario general del Partido Comunista español-. Manera singular de mediar. Y cuando los colombianos rechazaron con inteligencia, dignidad y decoro aquella patraña nauseabunda e inmoral de acuerdo en un plebiscito, el país nórdico en desagravio otorgo a Juan Manuel Santos el premio Nobel de la Paz. ¡Mi honor por un Nobel!,

Diálogos largos han producido también la Organización de Naciones Unidas, Estados Americanos, el rentable Pacto Andino rechazado por el castro chavismo; Mercosur que sus fundadores tratan de reactivar una vez eliminados frenos chavista/lulista, el crecientemente exitoso pacto del Pacífico, que fortalece día tras día las relaciones e intercambios comerciales entre los países latinoamericanos y asiáticos, la Unión Europea, entre otros. Los rusos no andan en esos acuerdos porque Putin resuelve -o cree resolver- con bases militares, aviones Sukhoi y una marina de guerra dispuesta siempre a navegar distancias. Los chinos dialogan y negocian, chequera en mano, lo de ellos es comercial, su problema, Donald Trump, también comerciante experto.

Es decir, que reunirse, dialogar, conversar, no es extraño, siempre preferible a una guerra. Se plática de cómo devolver las garantías fundamentales a la ciudadana, detener crímenes de lesa humanidad, contener las violaciones sistemáticas de los derechos humanos, minimizar la crisis humanitaria y recuperar los principios éticos, valores morales y buenas costumbres ciudadanas. Sin embargo, en el caso venezolano los conversadores de parte y parte dan prioridad a sus intereses politiqueros y, por el contrario, deben tener un factor adicional muy en cuenta. La emergencia ciudadana.

Venezuela está hecha pedazos, la economía sólo muestra estertores, la ciudadanía civil, militar, opositora y chavistas que todavía quedan, coinciden en estar hartos, sobrepasados por el desastre. Las instituciones no funcionan, los pobres siguen comiendo poco o nada y quienes se enferman mueren. Un país, que se ha convertido en emisor de exiliados en busca de mejor vida.

La negociación con Maduro debe partir del principio de que no es un presidente legítimo, tiene que dejar el poder y debe cesar la usurpación. Sólo se llegará a una solución partiendo de esa premisa. ¡Lo demás es habladera de paja y ganas de disfrutar el viaje! Si, por el contrario, se actúa sobre la base de que todavía es mandatario no se va a resolver la crisis humanitaria, ni la migratoria ni las violaciones sistemáticas a los derechos ciudadanos. Al contrario. Se van a reforzar. Lo estamos viviendo. Aunque algunos estén ciegos, sordos y mudos.

Noruega ha hecho un negocio de promover la Paz a cualquier precio, aunque sea amoral. Hay que convencerse, esto no es un conflicto. Es una dictadura, lo único que se puede considerar es de cómo se sale de este martirio que abruma y amargura. No sobre cómo se media.

¡Estamos en emergencia! Pensarlo es responsable. Los tiempos de burócratas acomodados, bolichicos y enchufados sin tormentos, politiqueros, políticos y diplomáticos no son los mismos de un pueblo con hambre, carencia y necesidad.