Opinión

¿ESTADISTA o GERENTE GENERAL?

Dr. Jorge Norero González/Guayaquil

Se dice que el estadista, es aquella persona experta en temas del Estado, excelente político, pero además desde mi visión, estadistas son sólo aquellas personas, que ven por encima de sus hombros, y dejan sus obras y huellas para la posteridad y la historia de sus pueblos.

El gerente general, es aquel ejecutivo que lidera las actividades de una empresa, es el responsable de coordinar las funciones y el planeamiento estratégico, se dice que el mejor gerente, es aquel ejecutivo que sabe delegar y escoger a las mejores colaboradoras, para la ejecución de su estrategia empresarial global, que incluye las sectoriales como la de mercadeo, distribución, marcas, recursos humanos, servicio al cliente, innovación y nuevas tecnologías, desarrollo, etcétera…

En ambas actividades, la experiencia no es un accidente, la planificación y la intuición son fundamentales y esenciales para cumplir con la misión y las tareas que se desprendan para alcanzar los objetivos, que podrían ser comunes o quizás diferentes si partimos de la premisa, que el Estado no busca la ganancia cuanto el bien común, mientras que la empresa privada la utilidad, dominación del mercado, disminución de costos, etcétera…

En lo público y lo privado, la eficiencia es fundamental, así como la producción y máxima productividad para alcanzar los máximos estándares de cobertura, reducción de costos, organización, calidad, etcétera…

El estadista sabe que solo puede hacer aquello que le permite la ley y no transgredir competencias de otras funciones, el gerente hará uso de todas sus habilidades y destrezas, para aumentar sus utilidades, alcanzar en el menor tiempo el retorno de sus inversiones, trabajar con el personal indispensable, etcétera…

Considero fundamental para el manejo de los Estados moderno, así como la empresa utiliza conceptos empleados en el ámbito militar y sus grandes pensadores, como Sun Tzu en el arte de la guerra, para elaborar su planificación estratégica, el estadista está en la obligación de implementar conceptos de la empresa privada, como reducción de costos, reingeniería, eficiencia, calidad de servicio, competitividad, agilidad, puesto que jamás debemos perder de vista, que en las relaciones internacionales, los Estados compiten entre sí, y existen intereses en la formación de alianzas, acuerdos, y está siempre latente un egoísmo inteligente, en donde en el centro se ubican los más fuertes, y en la periferia los más débiles, que en el concepto de los idealistas, podríamos decir los perdedores, tercer mundistas, folclóricos, etcétera…

Don Guillermo Lasso Mendoza, nuestro presidente actual, ciertamente le ha tocado recibir un Estado quebrado, pues los egresos están por encima de los ingresos, la deuda y el servicio de la misma, es extremadamente difícil, su pago exige enormes sacrificios, y establecer una estrategia puramente empresarial y tecnicista, podría tener repercusiones y costos políticos y sociales predecibles y muy peligrosos para la estabilidad inclusive de la democracia…

Cada sector del aparato estatal en el ejecutivo, debería ser materia de un análisis individual y personalizado, para identificar los problemas prioritarios y establecer acciones a corto, mediano y largo plazo, que permitan alcanzar la eficiencia, coberturas y metas. Las estadísticas de cobertura, servicio, costos de producción, deberían ser las metas competitivas que deben marcar la diferencia entre períodos anteriores y el actual.

Ejemplo: si el costo de producción de un barril de petróleo en la administración anterior fue de $30, bajar a $20 en el actual gobierno debería ser la meta, así como la producción de kilovatio de energía eléctrica, metro cúbico de agua, y de cualquier otro producto o recursos humanos…

La hora hombre en el tema de salud, debería ser competitivo con la hora hombre en los hospitales privados, así como cualquier otra empresa, llámese Astinave, Andes, Tame, etcétera

La eficiencia y la planificación, son las herramientas fundamentales que deben marcar la administración pública o privada, y deben ser los rangos que diferencian al mediocre del funcionario exitoso…

La ética y la idoneidad en ambos ámbitos no son negociables, y deben ser parte fundamental de la piel y de la conciencia de todo individuo que se postule o se designe para tal o cual función…

Así las cosas, debemos esperar del Presidente, muchos cambios, pero debemos tener paciencia y ser parte de la solución, pero así mismo, las otras funciones del Estado, deben asumir con responsabilidad y la misma mística de trabajo, sus competencias y objetivos, pues la solución o agravamiento de los problemas y sus soluciones, no están en las exclusivas manos del Ejecutivo, están también en las otras manos, que escondidas en el mar de la incompetencia e indiferencia, trabajan para operar con las estructuras de la corrupción y de las mafias, que pretenden manejar los hilos del poder…

Semper fidelis.