Opinión

Esperen que Putin haga un gran anuncio el 9 de mayo

Nota del editor: James Nixey es el director del Programa Rusia-Eurasia de Chatham House, especializado en las relaciones entre Rusia y los demás Estados postsoviéticos. Anteriormente trabajó como reportero de investigación en el Moscow Tribune.

(CNN) — El 9 de mayo, conocido como el Día de la Victoria en Rusia, el presidente Vladimir Putin tendrá que hacer una exhibición pomposa y muy pública para sugerir que está ganando la guerra en Ucrania.

Sin embargo, después de más de dos meses, la guerra se está desarrollando de forma muy distinta a como lo había previsto Rusia. El 9 de mayo, por tanto, podría ofrecer a Putin la ocasión de declarar una «victoria» simbólica sobre Ucrania, una gran demostración de éxtasis patriótico destinada a apuntalar a su audiencia, manipulada y cansada de las sanciones.

La fecha marca el día en que la Alemania nazi se rindió a las fuerzas soviéticas (el día después de su capitulación ante los aliados occidentales, razón por la cual el Reino Unido, Estados Unidos y sus aliados conmemoran la victoria el 8 de mayo).

En un principio, Moscú se asoció con el Berlín nazi para dividir el este de Europa entre los dos regímenes totalitarios. Pero después de que esa asociación terminara con la invasión alemana de la URSS en 1941, la contribución humana soviética para derrotar a Alemania, respaldada por enormes envíos de ayuda alimentaria y equipo militar del Reino Unido, Estados Unidos y Canadá, fue fundamental.

La URSS perdió decenas de millones de soldados y civiles en el transcurso de la Segunda Guerra Mundial, muchos de ellos en las entonces repúblicas soviéticas de Ucrania y Belarús.

Durante todo su régimen, el líder soviético Joseph Stalin mató a más personas, tanto en su propio país como en los territorios ocupados, que Adolf Hitler. Pero hoy en día es un crimen en Rusia recordar esta historia, o comparar las atrocidades cometidas por la Unión Soviética con las de la Alemania nazi. Todavía se colocan flores frescas en la tumba de Stalin en la Plaza Roja, donde se celebra el desfile de la victoria del 9 de mayo.

¿Qué importancia tiene el 9 de mayo para Putin?

Vladimir Putin es un ultranacionalista que no cree que las ambiciones territoriales y políticas de Rusia deban terminar en sus fronteras reconocidas internacionalmente. Los países que conformaban la Unión Soviética, aparte de Rusia, no son considerados soberanos por Rusia, de hecho por la mayoría de los rusos, y especialmente por Putin.

Pero al no disponer de herramientas amistosas para atraer a otros países, Rusia necesita de un ejército poderoso para conservar o recuperar su imperio. El 9 de mayo cumple la función de lucirse ante el público local, intimidar a la oposición y complacer al dictador de turno (a lo largo de los años, todos los secretarios generales del Partido Comunista se presentaron de forma similar en el mausoleo de Lenin en la Plaza Roja reconociendo con satisfacción el poderío militar de Rusia durante su desfile).

Ucrania es un tema profundamente personal para Putin (pero, afortunadamente, para el futuro de Ucrania, aún más personal para los ucranianos). Su «rebeldía» es una traición y su propia existencia una aberración histórica, a los ojos del presidente de Rusia. Había que hacer algo con las ambiciones occidentales de Ucrania y, como la diplomacia al estilo ruso (léase: coerción) había fracasado, Putin se sintió obligado a recurrir a métodos más musculosos para «restaurar la rectitud».

Lo que no había considerado (y, para ser justos, tampoco lo hicieron la mayoría de los analistas occidentales) fue lo fundamentalmente corrupta e incompetente que se había vuelto la supuestamente modernizada y profesionalizada fuerza de combate rusa.
La heroica resistencia ucraniana merece todo el crédito. Pero no habrían podido lograrlo sin la ayuda involuntaria del Ejército ruso. Mientras tanto, tal es la naturaleza vertical de las estructuras políticas rusas, que seguramente hay poca información precisa que circule entre el resto de las élites de Putin sobre el estado de las cosas.

¿Qué podría significar esto para el curso de la guerra?

Si los analistas occidentales están en lo cierto al afirmar que Putin ha exigido una victoria para el Día de la Victoria, esto significa que los mandos militares rusos necesitan lograr algo, cualquier cosa, después de las humillantes derrotas sufridas en los dos primeros meses de esta guerra.

El intento de tomar Kyiv fue repelido, el buque insignia de la flota rusa fue hundido por un país que carece efectivamente de Marina, y han perdido al menos 15.000 soldados, muchos más que en todas las campañas postsoviéticas anteriores (Chechenia, Georgia, Siria, Ucrania 2014) juntas.

El plan B de Rusia (o más probablemente el plan F o G) es redoblar los esfuerzos y las fuerzas terrestres y centrarse en tomar más del este de Ucrania; y con suerte para el Kremlin, pero mucho menos probable, el resto de la costa del mar Negro.

Que esto pueda hacerse a tiempo para el desfile del 9 de mayo es muy discutible. Los ucranianos siguen recibiendo armamento y la moral es alta, aunque Kyiv controla la información que rodea la guerra y no conocemos el estado real de sus fuerzas armadas. Sin embargo, su mayor desafío (desde el este) está por llegar, y en las próximas semanas se intensificarán los combates a medida que Rusia intenta capturar más terreno en la región de Donbás.

Sin embargo, la cuestión sigue siendo si Moscú tratará de continuar la ofensiva más allá de sus pequeñas ganancias territoriales o si optará por «congelar» las posiciones sobre el terreno: atrincherarse en territorio ucraniano y demandar a Ucrania la paz mientras la guerra entra en una nueva fase más estática. Los recientes intentos de desestabilizar Moldova a través de su territorio separatista Transnistria, controlado por Rusia, nos recuerdan que Moscú no se rendirá tan fácilmente.

Ambas partes están maniobrando para conseguir una mejor posición en la mesa de negociaciones cuando llegue ese momento. En términos militares, la guerra podría estar llegando a un punto muerto en las próximas semanas, en el que ninguna de las partes tiene fuerza suficiente para dar un giro a la guerra y lograr una victoria decisiva sobre la otra.

¿Cuál parece ser la estrategia de Putin en Ucrania?

Puede que la táctica de Rusia haya cambiado, pero su estrategia, es decir, su objetivo general, no lo ha hecho. Ese objetivo es asegurarse de que Ucrania deje de ser un país independiente capaz de tomar la decisión de ser europeo y mirar hacia el oeste.

La buena noticia es que no hay forma en que logre ese objetivo. El sometimiento de Ucrania, ya sea físico o político, está ahora para siempre fuera del alcance de Rusia. Rusia no ha actuado lo suficientemente bien en el campo de batalla o en la arena política como para lograrlo. La mala noticia es que Rusia todavía no lo sabe y por eso seguirá enviando a sus propios hombres, y a demasiados ucranianos también, a la muerte.

Rusia sí sabe, al menos, que no se trata únicamente de una guerra contra Ucrania, sino contra el orden internacional basado en normas, del que no se ha beneficiado. Rusia lleva diciendo esto desde hace más de una década. La OTAN también lo sabe, pero se niega a reconocerlo públicamente para evitar que la arrastren al conflicto (otra cosa son las discusiones privadas de la OTAN).

Si se mantienen las sanciones, Europa puede seguir despidiéndose de la energía rusa, y si los inversores extranjeros siguen desanimados, el Kremlin se quedará sin dinero a finales de año, lo que a su vez puede dictar un eventual cambio de política. Pero no antes del 9 de mayo. Ninguno de estos cambios será visible para entonces, ni en el «progreso» de la guerra ni a los ojos de los rusos de a pie.

Así que el 9 de mayo será una demostración de fuerza, como siempre lo es. Pero será hueca. Igual que, como sospecho, la sensación en la boca del estómago de Putin.

 

 

(cnn.com)