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El Espanyol se divierte frente a un rendido Osasuna

El Espanyol se reencontró con el triunfo y con Felipe Caicedo. El 10 es de esos jugadores que flamea entre lo bueno y lo malo, capaz de lo mejor y lo peor, incansable hasta que abrió el marcador, inocuo después de errar un penalti, que dejó a Osasuna con 10 jugadores. Con el ausente y presente Caicedo, el Espanyol se aferró a la bota derecha de Jurado y al oportunismo de Gerard Moreno para cerrar una goleada que riega la autoestima blanquiazul y se anima a soñar con la Europa League.

El balón arrancó por el aire, pelotazo por aquí y por allá, con un duelo que no tenía más emoción que adivinar quién sería el valiente que pusiera el cuero a ras del suelo. En esas apareció Jurado, este domingo arropado por David López en la medular. Recuperó Sánchez Flores su dibujo fetiche, el 4-4-2, para dar vuelo en ataque a Gerard Moreno y Caicedo, una pareja que según el técnico madrileño está condenada a entenderse. Una apuesta lógica del entrenador blanquiazul, en la búsqueda de recuperar la mejor versión del ecuatoriano, un delantero cambiante, siempre decisivo cuando se despierta encendido. La estrategia de Vasiljevic no sorprendió tanto como por sus intérpretes. El preparador del cuadro navarro dejó su pólvora en el banquillo: Oriol Riera, Sergio León, Berenguer y Torres, que entre los cuatro marcaron de 16 de los 24 goles de Osasuna en lo que va de temporada, comenzaron observando la parsimonia defensiva de su equipo, abrochados a la banqueta.

No tiene un mejor jugador Sánchez Flores para mover la pelota a su antojo que Jurado. Y si a la clarividencia del gaditano se le suma la potencia de Caicedo, el Espanyol se agranda, sobre todo si enfrente tiene una zaga como la de Osasuna, olvidada de su esencia, sin su fútbol de combustión en Cornellà. Parecía media dormida la defensa rojilla cuando Hernán Pérez pescó con tranquilidad la pelota en la orilla derecha de la casa de Sirigu. El paraguayo miró a Caicedo, mientras los centrales de Osasuna ya estaban dormidos del todo. El ecuatoriano se impuso con comodidad a Vujadinovic y David García y firmó de cabeza el 1-0. Sánchez Flores apostó por recuperar al 10, apagado en el amanecer de la temporada, con media maleta hecha en el mercado de invierno, ahora enchufado.

Estaba inquieto Caicedo, que volvió a comparecer en el área para, con un toque sutil, buscar a Gerard Moreno. La jugada terminó con un penalti extraño que derivó en la expulsión Oier, solo comprensible bajo la mirada de Clos Gómez. El árbitro expulsó al defensa de Osasuna por un presunto empujón a Moreno, rematado en el área por Sirigu, al que no le quedó más remedio que derribar al 7, que ya lo había dejado desparramado en el suelo y estaba a punto de empujar el balón a la red. Caicedo se acercó a Moreno y le pidió lanzar la pena máxima, sin suerte para el ecuatoriano. Sirigu compensó su error y paró sin dificultades el remate manso del delantero blanquiazul.

El falló en el penalti dejó tristón a Caicedo. Pero no al Espanyol. Tampoco a Jurado, que siguió moviendo los hilos del duelo a su antojo, muy cómodo frente a un Osasuna perdido con 11 jugadores, mucho más endeble cuando se quedó con un hombre menos. Tuvo su premio Jurado, que se encontró con una pelota suelta en la puerta del área tras un saque de esquina, y soltó un chut bajo, que rebotó en un defensa rojillo y se coló en la portería del Sirigu. No reaccionó Osasuna, hundido en el fondo de la tabla, sin fútbol ni alma, rendido ante el Espanyol. Para rematar su mañana negra, Causic le regaló (literalmente) el balón a Gerard Moreno, que selló la alegría de la hinchada blanquiazul con un golazo de vaselina. Se divirtió el Espanyol frente a un melancólico Osasuna, que ya huele el descenso. (PAÍS.COM)