Ciencia

Escocia fija un precio mínimo al alcohol para reducir el consumo

El precio mínimo de 70 centavos o (0,59 céntimos de euro) se aplica a una unidad de alcohol, definida como el equivalente a diez mililitros de sustancia pura. Si el Parlamento escocés aprueba la medida, la botella más barata de vino se situaría en 4,69 libras (6,6 dólares) y la de whisky en 14 libras (unos 20 dólares).

La medida busca combatir los precios “inaceptablemente bajos” de las bebidas fuertes, ya que según los datos de un estudio de salud realizado en 2016 uno de cada cuatro escoceses toma más de 14 unidades por semana.

Esa cantidad, igual a 350 mililitros de whisky o vodka, se considera peligrosa y dañina para la salud y estaba disponible a precios de menos de cuatro dólares. Con la nueva legislación, el coste se ha elevado a más de diez dólares.

Los medios europeos y norteamericanos se apresuraron a alabar a Escocia como ‘el primer país en introducir una legislación de este tipo’.

Si bien, la idea de establecer un precio fijo para un determinado volumen de alcohol es bastante innovadora, la regulación del precio de las bebidas alcohólicas con el fin de mejorar la salud pública no es nueva.

Así, en 2009 Rusia creó el Servicio Federal para la Regulación del Mercado de las Bebidas Alcohólicas. Su tarea principal es establecer los precios mínimos para las bebidas fuertes, como vodka y coñac, y vigilar el cumplimiento de estas normas.

Junto con todo un sistema de medidas dirigidas a promover un modo de vida saludable y una cultura diferente del consumo de alcohol, Rusia logró romper la tendencia al alcoholismo e ir disminuyendo gradualmente el consumo en el país.

Aunque queda por hacer mucho en este ámbito, los éxitos de las políticas rusas han sido reconocidos por los índices de la Organización Mundial de Salud y elogiados por los medios de otros países infames por su consumo irresponsable del alcohol.

Sputnik