Opinión

ES HORA DE PENSAR EN SERIO

Por Silvio Devoto Passano (SIDEPA)

 

Próximo al turf desde temprana edad, viví muy de cerca los inicios del “Santa Cecilia” y “Costa Azul, años 1956 y 1957, hipódromos a los que arribaba tomando el bus que conducía el inolvidable “pajita” en la esquina de Vélez y Rumichaca, desde tempranas horas y con más de un problema al momento de retornar a casa por falta de “liquidez”.

Pocos antes de cumplir 24 años de edad hice realidad el sueño del caballo propio, Yesero y Juvenil, que me obligaba a “suprimir” ciertos gastos en casa, me había matrimoniado y tenía dos hijos que lógicamente acarreaban obligaciones económicas, pero la pasión por las carreras, compartida con mi esposa Sara, incentivaba mi ingenio y esfuerzo para obtener ingresos extras, renovación de licencias de manejo, matriculación anual de vehículos, venta de sorteo de Francomercial y las primeras Cenas Navideñas pagaderas en cuotas semanales.

Las tardes sabatinas del Coso de Mapasingue motivaban la presencia de decenas de dueños de caballos a las pesebreras y de numerosos aficionados que, ávidos de obtener datos para las varias jugadas, le agregaban un toque especial al día previo de carreras.

Más de setenta cuadras lucían sus colores en las jornadas dominicales, y de muchos de sus propietarios y/0 representantes acudían acompañados de sus esposas e hijos.

Era normal ver el totalizador promediando mil boletos es el sport que en las carreras principales superaba las dos mil jugadas.

Los diarios entregaban importantes espacios en sus ediciones diarias, igual las principales emisoras y los canales de televisión, esto a partir de los años sesenta, sumaban de manera importantes con la presencia de periodistas conocedores del tema.

Los nombres de Currito, Peter Flower, Haribal, Aladino, Fanfarrón, Marrón, Jardenia, Farrón, Mar Negro y Consagración estaban en las charlas de cafeterías, bares y restaurantes como parte del menú.

Hoy, tantas décadas después, me angustia la falta de propietarios, el “dejar pasar, dejar hacer” la ausencia de ideas, y tozudez al negarse a escuchar ideas para mejorar el espectáculo.

Quien esto escribe, octogenario ya, sin haberme bajado un solo momento del barco, en ocasiones con la boya puesta, mira angustiado el porvenir de nuestra hípica, expresando una vez más……..

 

LOS DE AYER, QUE FUERON MUCHOS, YA NO ESTÁN, LOS DE AHORA SOMOS POCOS Y LOS QUE VIENEN NO APARECEN, PREOCUPANTE.