Realidades

Ernst L. Kirchner: el artista que plasmó en su obra el horror y la degeneración que causó la Primera Guerra Mundial

Movilizado: lo llamaron a formar parte de la armada alemana en 1914. Habían matado al archiduque y el escándalo internacional demandaba carne de cañón en el campo de batalla. Así que lo enviaron de soldado, como a tantos otros sin nombre, que se perdieron entre los gritos. El tumulto ensordecedor de las balas pudo más que él: era pintor, de esos que habían sido radicales, de esos que sí tenían una propuesta teórica sólida. No sabía manejar armas. Jamás había tenido una pistola entre las manos. A lo mucho, sabía cómo se agarraba un pincel y sabía conducir el óleo a su mejor juicio, pero sólo eso. En la guerra sirve de muy poco saber de composición y de teoría del color. Ernst L. Kirchner nada tenía que hacer en las movilizaciones alemanas.

Durante un año sirvió a su país lo mejor que pudo. En efecto, era evidente que tenía que hacer un cambio, pero también le quedaba claro que había mejores formas: la Escuela de Bellas Artes de Múnich le había enseñado a ser rebelde en maneras más civilizadas. En la rigidez de la Academia había encontrado a gente que seguía la misma línea transformadora, y en ese afán revolucionario formaron Die Brück —o El puente, en español—: un movimiento que pretendía retomar las formas más primarias del trazo humano, utilizando los colores con los que los fauvistas habían ya desafiado al canon artístico preestablecido entre los críticos más conservadores.

Esta tendencia artística estudiantil tuvo distintos adeptos, entre los cuales se formaron los íconos del expresionismo alemán. Un ala poderosa de la gesta de las vanguardias europeas se formó en ese mismo espíritu de desencanto a las instituciones tan rígidamente establecidas. De esto el nombre del grupo: un puente entre la producción de los grandes del pasado y las nuevas formas plásticas que con ellos surgían. Se trataba de resignificar las narrativas de sus países —específicamente en la Alemania de principios del siglo XX—, y así generar una crónica personal de vida que enmarcara una realidad nacional desde la particularidad; sin embargo, el movimiento cobró realmente relevancia después de que muchos de ellos padecieron la guerra.

Desde distintas ópticas, el expresionismo alemán toca las diversas fibras sensibles que se quiebran cuando un conflicto político armado estalla. En el caso particular de Kirchner, quien fue uno de los artistas más involucrados con la Primera Guerra Mundial, el impacto que tuvo su experiencia directa fue evidente en su producción posterior a su retorno de la movilización alemana. Si bien es cierto que antes, como sus demás contemporáneos, experimentó con un escorzo imposible y colores que no corresponderían a los que el entorno ofrecía en los objetos, una vez que regresó de la milicia se adentró a extremos más oscuros de su plástica: las formas se volvieron más afiladas, los colores se apagaron hacia gamas más lúgubres, las escenas tomaron un acento violento sutil.

Han sido mucho los pintores que plasmaron lo ocurrido durante las guerras que marcaron la historia del mundo para que otros pudiéramos fuéramos capaces de entender nuestro pasado, tal como lo hizo Picaso en su época al crear 10 obras en las que mostró el sufrimiento de las mujeres durante la guerra.

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