Opinión

La Fe ilumina el camino

Yovana Cárdenas Lino

Desde Lima, Perú, para La Nación de Guayaquil, Ecuador.

 

La frase «Para quienes aman a Dios, todo les sirve para bien» resuena profundamente en el corazón de aquellos que abrazan la fe. Estas palabras, extraídas de la carta de Pablo a los Romanos, capturan la esencia de una perspectiva optimista arraigada en la relación con el Creador. Más allá de ser una mera declaración, esta idea se convierte en un faro de esperanza que guía a los creyentes a través de los desafíos cotidianos.

En medio de la incertidumbre y la adversidad, la fe ofrece un refugio, una roca sólida sobre la cual construir nuestras vidas. La convicción de que Dios puede trabajar todas las cosas para el bien de aquellos que lo aman se convierte en una fuente inagotable de fortaleza. ¿Cómo podemos abrazar esta perspectiva en medio de la tormenta?

En primer lugar, implica confianza. Confianza en que hay un propósito mayor detrás de cada experiencia, por más difícil que sea. Cada desafío se convierte en una oportunidad para el crecimiento, la resistencia y la manifestación del plan divino en nuestras vidas. La fe no elimina las dificultades, pero brinda la certeza de que, en última instancia, todo contribuirá a nuestro bien.

En segundo lugar, esta perspectiva nos invita a cultivar una relación más profunda con lo divino. Amar a Dios implica confiar en su sabiduría y bondad, incluso cuando no entendemos completamente su plan. Es un llamado a buscar la conexión espiritual y a encontrar consuelo en la oración y la reflexión.

Al enfrentar los desafíos con esta perspectiva, no estamos exentos del dolor o la tristeza, pero la fe actúa como un ancla que nos impide ser arrastrados por la desesperación. Nos recuerda que, incluso en los momentos más oscuros, hay una luz que guía nuestro camino.

En un mundo que a menudo parece desbordado por la incertidumbre, abrazar la idea de que todas las cosas pueden trabajar para bien se convierte en un acto de resistencia esperanzada. Esta perspectiva no solo moldea nuestra respuesta a las adversidades, sino que también transforma la manera en que percibimos nuestro viaje en este mundo.

En última instancia, la frase «Para quienes aman a Dios, todo les sirve para bien» no es simplemente una declaración teológica, sino un llamado a vivir con esperanza y propósito. En la fe, encontramos la fuerza para enfrentar los desafíos con valentía, sabiendo que, al final del día, hay un propósito más grande que trasciende.