Opinión

Entre la retórica y la realidad

Por: Yovana Cárdenas Lino

Desde Lima, Perú, para La Nación de Guayaquil, Ecuador.

 

En la complejidad de las interacciones humanas, el fenómeno del doble discurso brota como una manifestación intrigante de la dicotomía entre lo que decimos y lo que hacemos. Es un aspecto omnipresente en la sociedad contemporánea, observado en diversas esferas que van desde la política hasta las relaciones personales. Este fenómeno, a menudo sutil pero profundamente arraigado, merece una exploración más profunda para comprender su impacto en nuestras vidas y en la dinámica social en general.

El doble discurso se manifiesta cuando una persona o entidad adopta una postura pública o declara ciertos valores, principios o normas, pero luego actúa de manera inconsistente con esas afirmaciones. Esta discrepancia entre la retórica y la realidad puede ser desconcertante y, en muchos casos, desilusionante. En el ámbito político, por ejemplo, los líderes pueden hablar de transparencia, integridad y servicio público, mientras que en realidad se involucran en actos de corrupción o abuso de poder.

La psicología del doble discurso es compleja. En ocasiones, puede ser resultado de una desconexión entre las creencias y los comportamientos de una persona. Es posible que alguien tenga ideales nobles pero encuentre dificultades para vivir de acuerdo con ellos debido a factores como presiones sociales, tentaciones personales o simplemente la debilidad humana. Esta discrepancia puede llevar a una justificación interna de los comportamientos contradictorios, lo que refuerza aún más el ciclo del doble discurso.

Otro factor que contribuye al doble discurso es la conveniencia. Las personas o entidades pueden adoptar ciertas posturas públicas no porque realmente crean en ellas, sino porque sirven a sus intereses a corto plazo. Este tipo de discurso hipócrita puede ser especialmente dañino, ya que socava la confianza en las instituciones y en quienes las representan.

En el ámbito de las relaciones personales, el doble discurso puede surgir cuando alguien expresa amor o compromiso, pero luego actúa de manera egoísta o negligente. Esta discrepancia puede erosionar la confianza y la intimidad en las relaciones, dejando a las partes involucradas sintiéndose decepcionadas y desilusionadas.

Para abordar el doble discurso, es fundamental fomentar la coherencia entre lo que decimos y lo que hacemos, tanto a nivel individual como colectivo. Esto requiere una mayor conciencia de nuestras propias inconsistencias y un compromiso genuino con la autenticidad y la integridad en nuestras acciones y comunicaciones. Además, es esencial fomentar una cultura de responsabilidad y rendición de cuentas, donde aquellos que se dedican al doble discurso sean desafiados y confrontados de manera constructiva.