Opinión

Entre deudores financieros y acreedores climáticos: ¿quién le debe a quién en el mundo?

Imaginen esta escena: donde antes había agua, ahora hay arena barrosa sin vida. Una playa desierta se extiende a lo largo de la costa de un río ancho, caudaloso, aunque en el último tiempo, en lugar de agua, se ve cada vez más la tierra resquebrajada. Esa imagen no es inventada, es real, y es lo que está pasando en Argentina con el Río Paraná, uno de los más importantes de América Latina. Producto de una sequía histórica, la mayor casi 100 años, el nivel del río está bajando de manera sostenida desde 2019. Esta bajante está relacionada de manera directa con lo que sucede en Brasil, que también atravesó la peor faltante de agua en los últimos 91 años.

Estas escenas impactantes que provoca el cambio climático en distintas partes del planeta abren una serie de cuestiones para pensar desde América Latina. En primer lugar, cómo las decisiones que se toman en los países centrales terminan haciendo pagar gran parte de los costos a otras naciones y, en especial, complicando la situación allí donde menos recursos hay. En segundo lugar, cuáles son las estrategias que tienen que construir los estados de América Latina para hacerle frente a los impactos del calentamiento global cuando, paradójicamente, no son los principales contaminantes. Finalmente, esto abre una pregunta respecto de quién debe abrir la billetera para pagar las cuentas y bajo qué condiciones.

Empecemos por las decisiones de los países desarrollados. Producto de la pandemia y de la guerra en Ucrania, la economía global está atravesando un fuerte período de incertidumbre. Volvió una inflación que no se veía desde hace más de 30 años en los países centrales y, además, subió el precio de los combustibles a escala global. Frente a esa situación, la decisión en los líderes globales se centra principalmente en dos sentidos.

Al mismo tiempo, el faltante de combustible por las penalidades impuestas a Rusia provocó no solo un aumento de casi 50% del petróleo europeo desde el inicio del año, sino también el regreso de una de las fuentes de energía más contaminantes del planeta: el carbón. Según la Agencia Internacional de Energía, en 2021 la electricidad generada a partir de la quema de carbón aumentó 9% interanual. ¿Cómo impactará volver a quemar carbón en el calentamiento global? Seguro las imágenes que se vieron en América Latina en los últimos años serán cada vez más habituales. Es necesario tener en cuenta que, en esta región del planeta, se producen menos de 10% de las emisiones contaminantes.

Hasta acá, el saldo para América Latina parece una trampa: más complicaciones financieras y, al mismo tiempo, peores perspectivas ambientales producto del cambio climático. Y todo esto debido a que los líderes de los países desarrollados han tomado decisiones que priorizan sus propios intereses nacionales y que, al mismo tiempo, afectan negativamente a los más pequeños.

Hay una propuesta que hizo Argentina en la COP 26 que puede ser una respuesta: el canje de deuda financiera por el aporte ambiental. Para poder hacerle frente al impacto del cambio climático, hace falta abrir la billetera y pagar la cuenta.

Pero si tenemos en cuenta que las decisiones de los países centrales para preservar sus economías disminuyen globalmente los recursos en los países emergentes, entonces hay que buscar una manera de que esto sea tenido en cuenta en la ecuación. Lo cual nos lleva al tercer punto que nos abrió a pensar esta crítica imagen de la bajante del nivel del Río Paraná. La cuestión de quién y cómo se hace cargo del impacto negativo en los países emergentes y pobres debe ser cada vez más importante en las conversaciones globales.

Si tenemos en cuenta todas estas cuestiones, entonces ¿quién le debe a quién en el mundo?

The Washington Post