Opinión

En la Escuela de la vida, nadie te pregunta si quieres inscribirte .

Autor Anónimo
COLABORACIÓN DE GUEBY/GUAYAQUIL

 

 

Basta con nacer y ya estás matriculado.

No hay uniformes ni pupitres asignados.

Y el año escolar, nunca termina.

Lo curioso es que, en esta Escuela, somos alumnos y Profesores.
Donde el gran maestro, es el tiempo: ese Profesor exigente, paciente y a veces severo. No avisa de los exámenes.
Un día te despiertas y ahí está el examen en el pupitre. Y si no has estudiado, no tiene sentido pedir un nuevo examen.

Algunas materias son fáciles:
* El amor,
* La amistad,
* La alegría.

Otras requieren más esfuerzo:
* La paciencia,
* La tolerancia,
* El perdón.

También hay materias que preferiríamos NO cursar:
* el dolor,
* la pérdida,
* la soledad.,
* la enfermedad
* la traición

Pero es a través de ellas que el aprendizaje se profundiza,
El Director de la Escuela, es DIOS, tiene una forma muy particular de preparar las clases.

A veces enseña desde el cariño; otras, desde la dificultad.

Y así acumulamos calificaciones, sin una boleta impresa, pero con un registro invisible en nuestros corazones.

En el conflicto, aprendemos a valorar la paz.

En la escasez, descubrimos lo suficiente.

Al presenciar la injusticia, practicamos la empatía.

Y en la vida diaria, aprendemos el difícil arte de AMAR AL PRÓJIMO, un Curso, que algunos repiten durante años, sin llegar a dominar.
En esta Escuela, No hay vacaciones.
No suena la campana para terminar el día.

Cada día es una nueva lección.
Y quizás, el Diploma final sea la serenidad de mirar atrás y decir:
¡Aprendí!

Cometí errores, pero ¡aprendí!
Vive esta lección hasta el último capítulo.

AUTOR: Tú y nadie más que tú.

ME ENCANTÓ Y SE LOS COMPARTO CON TODO MI CARIÑO!