Opinión

EN CONTRA DE TODO Y TODOS

Santiago Pérez S.

 

Ya son muchos, los 1 de mayo que recordamos en nuestra historia republicana.

Como siempre, la celebración mundial del DÍA DEL TRABAJO, fecha que debería glorificar al trabajador, a su oficio y a su labor, se convierte en un sucio vertedero de frustraciones personales, resentimientos sociales marcados y en una inequívoca oportunidad para dejar salir el odio sectario y el extremismo de agrupaciones pseudo políticas, que en realidad son invitaciones al anarquismo, a la insurrección y al desorden social.

Increíble resulta, que para esos bajos sentimientos y esas amargas y negativas concentraciones, hayamos elegido una fecha determinada por la O.N.U. y denominarla como DÍA DEL TRABAJO.

Observando y escuchando las mismas cansonas, exageradas y altisonantes proclamas; parecería que es una marcha de maltratados esclavos muertos de hambre, sometidos a espantosas torturas.

No es entonces una celebración al Día del Trabajo, sino más bien una dolorosa y lastimera queja, por el hecho de tener empleo remunerado, trabajo estable y beneficios laborales otorgados por la ley.

Cualquiera que haya presenciado una de estas consabidas marchas, coincidiría con decir que, lejos de celebrar el trabajo y sus beneficios generales, se trata de victimizarse y clamar a los 4 vientos la injusticia de tener que trabajar para vivir; lo que es un recurrente y desgastado argumento de las tendencias socialistas y comunistas.

Y es que, en un paisito frágil y mal estructurado, fraccionado y polarizado, como nuestro Ecuador; en el cual escasean los empleos regulares y formales y en donde, el mismo Estado, resulta ser el mayor empleador de la sociedad civil, deberíamos agradecer la oportunidad de generar ingresos para nuestro núcleo familiar y no, por el contrario, despotricar en contra del Estado, de empleadores y superiores, como de las labores encomendadas y los sueldos percibidos.

No se termina de entender que, el pago a un colaborador, siempre estará en relación a su producción dentro de la organización. Esa diferencia de apreciación al concepto laboral, lo vemos en sociedades más evolucionadas y mejor estructuradas; dónde el trabajo personal se mide y se cuantifica, siempre en relación directa al cumplimiento de metas y objetivos empresariales; sean éstas privadas o estatales. Entonces, siempre el trabajo ejercido enorgullecerá y dignificará al trabajador; lejos de convertirlo en un inoperante y quejumbroso llorón, que poco o nada contribuye para el desarrollo de la nación.

Además, nos llama profundamente la atención que, habiendo tenido Ecuador el ramillete completo de gobiernos posibles; sean estos, conservadores, liberales, populistas de derecha, populistas de izquierda, nacionalistas, socialistas y hasta dictatoriales de varias tendencias e influencias; siempre los gritos, proclamas, reclamos, insultos, resentimientos, frustraciones y llamados al levantamiento social, son exactamente los mismos y con la misma música.

Parecería entonces, que no hay gobierno, gobernante, ley laboral o empleo que les calce; pues de lo que se trata es de renegar y lamentarse furiosamente por la injusticia de tener que trabajar para vivir.

Estas inútiles manifestaciones de insultantes reclamos, quisieran extrapolarnos a las mitas y obrajes en tiempos coloniales, dados en los siglos XVII y XVIII; en que se abusó inhumanamente de indios aborígenes y africanos en calidad de esclavos, condición que se extinguió hace 200 años, por lo menos.

Sin embargo, los vivos extorsionadores y anti patria de siempre, se esfuerzan en sembrar ese odio y esos resentimientos sociales, para desestabilizar regímenes democráticos.

Así, transcurrió otro 1 de mayo. Sin nada nuevo que acotar, sin un cambio de actitud que eleve y motive a futuras generaciones de funcionarios y obreros; gritando y exultando los mismos aburridos e invariables conceptos demagogos, de injusticia y abuso social.

Así se fue este Día del Trabajo y lamentablemente, así vendrá el próximo.

Deberíamos ya empezar a marcar la diferencia, por el bien de nuestra patria ecuatoriana.